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Recuerde que el tiempo del Señor puede no coincidir con el suyo.

Salmo 46

Si el silencio del Señor es bueno para nosotros, entonces, ¿cómo debemos reaccionar cuando sentimos que hay un muro que bloquea nuestro acceso a Él? La única forma de romperlo es seguir orando. Es importante que permanezcamos de rodillas y sigamos dirigiéndonos a Él.

Primero, pida a Dios que le muestre la razón de su silencio. Mientras Jesús estaba en la cruz, Él demostró que podemos acercarnos al Padre celestial con nuestras preguntas (vea Marcos 15.34). Nuestro Señor nos invita a hablar con Él sobre cualquier cosa, porque nos entiende perfectamente. Él sabe la motivación detrás de lo que estamos pidiendo, y conoce perfectamente nuestra condición espiritual.

Segundo, pídale que le indique qué quiere Él para usted. Recuerde que el tiempo del Señor puede no coincidir con el suyo.

Tercero, confíe en Él. Esté quieto en la presencia del Señor mientras obra en su vida, y tenga fe en que Él siempre ve el camino claramente, ya sea que usted lo vea o no. Tenga en cuenta que Dios desea que sus hijos le escuchemos, aun cuando sintamos que Él está callado, aun cuando queramos darnos por vencidos.

Finalmente, abra la Biblia y empiece a leerla. El Espíritu Santo que vive en usted interpretará la Palabra de Dios en su corazón, y usted comenzará a escuchar lo que Él le diga.

Además de dirigirse a Dios, practique también el estar en silencio en su presencia. Si le escucha atentamente, Él satisfará los anhelos más profundos de su corazón, y usted experimentará la presencia del Señor en su vida.

Devocional original de Ministerios En Contacto

Cuando Dios guarda silencio

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