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El ayuno unido a la oración puede también darnos mayor conciencia espiritual, y una comunión más íntima con el Señor.

Mateo 6.16-21

Las palabras de Jesús en cuanto al ayuno representan su invitación a acercarnos más a Dios. Cuando ponemos nuestros deseos físicos bajo el control del Espíritu Santo, nos desprendemos de nuestro aferramiento a lo material para abrazar lo espiritual. Entre las razones para ayunar están las siguientes:

Ser limpios de pecados. Cuando bajamos la guardia espiritual, comenzamos a pensar como lo hace el mundo: en la protección de nuestros derechos o en tratar de acumular bienes materiales. Cuando eso sucede, actitudes y hábitos pecaminosos pueden alojarse calladamente en nosotros, casi sin darnos cuenta, obstaculizando nuestra comunión con Dios, limitando la eficacia de nuestro servicio y reduciendo nuestro gozo. La oración combinada con el ayuno nos ayudará a dar a Dios toda nuestra atención, para que podamos reconocer nuestros pecados.

Recibir dirección. Dios está dispuesto a darnos dirección clara, pero, para algunas cosas, la oración combinada con el ayuno es más eficaz. Así es como logramos tener la mente limpia que se necesita para escuchar lo que Él nos esté diciendo, y tener un espíritu obediente listo para aceptar sus instrucciones.

Tener protección. Por medio del ayuno, entendemos la verdad de Dios y recibimos ayuda para identificar situaciones dañinas o peligrosas. Cuando nos sometemos a la autoridad del Señor y le confesamos nuestra necesidad de su protección, el Espíritu Santo nos da discernimiento para tomar decisiones más sabias y evitar riesgos innecesarios.

El ayuno unido a la oración puede también darnos mayor conciencia espiritual, y una comunión más íntima con el Señor.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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El lugar del ayuno en la oración

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