Empoderamiento por Fe – Otoniel Font

por enlace2 el Viernes, 18 enero, 2013

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En Hechos 7, dice que, a la edad de cuarenta años, le vino al corazón a Moisés visitar a sus hermanos, los hijos de Israel. Moisés realizó que todo lo que había vivido era para un propósito.

Moisés no solo fue a visitar, sino a ver qué él podía hacer. Hay un punto en nuestras vidas donde los eventos de nuestras vidas se suman en nuestra conciencia, convirtiéndose en una encrucijada en la que tenemos que decidir qué hacer desde ese punto en adelante.

Le tomó cuarenta años a Moisés realizar que él tenía un propósito. Le tomó cuarenta años realizar que Dios lo había guardado por algo y para algo. Le tomó cuarenta años realizar que todos los eventos que él había vivido no habían sido pura casualidad, sino que, en medio de decretos negativos, Dios había guardado su vida para un propósito. Llegó un momento en su vida donde tenía dos opciones: Continuar en el patrón en el que se encontraba, estando en la casa de Faraón, y que el pueblo continuara esclavo; o entender que todo lo que había pasado, había sido Dios protegiéndole para un propósito más grande.

A muchos les llega este despertar, cuando están en medio de problemas. En el libro de Juan, capítulo 15, se nos narra la historia del hijo pródigo. Este muchacho le pidió la herencia a su padre, se fue, y la desperdició. Y un día, cuando estaba comiendo con los cerdos, dice la biblia que volvió en sí. No sabemos cuántos días él tuvo que estar allí con los cerdos, como tampoco sabemos cuánto tiempo más tú vas a estar allí con los cerdos, comiendo de tu problema, de tu miseria, y viviendo de tus malas decisiones del pasado.

Tiene que haber un día donde tú realices que tienes que cambiar.

El hijo pródigo realizó que en casa de su padre había abundancia de pan, y allí los jornaleros estaban mejor que él, y decidió levantarse e ir a su padre. Al llegar, le dijo al padre que había pecado contra el cielo y contra él, y que no era digno de ser llamado su hijo. Pero el padre hizo banquete para celebrar su regreso, le puso vestido, anillo, y zapatos. Pero todo esto requirió que, un día, el hijo realizara que la condición en la que se encontraba no era su final, que no era lo que Dios pretendía, sino que fueron sus decisiones las que lo llevaron allí, y que él tenía que levantarse de aquel lugar.

En la vida de Moisés, lo vemos de una manera diferente, porque Moisés no necesitaba de un milagro. Moisés no necesitaba de una transformación financiera, o que Dios lo sanara. Tampoco Nicodemo llegó a Cristo porque necesitara que la mano se le enderezara, o porque necesitara sanidad para sus ojos, o que Dios lo prosperara, sino porque él sabía que, a pesar de todo lo que él había vivido, todavía le hacía falta algo más.

El punto al que Dios quería llevar a Moisés era el mismo punto al que quería llevar a Nicodemo, y el mismo al que te quiere llevar a ti. No es al punto en que tú lo tengas todo, sino al punto en que tú sepas por qué lo tienes todo, para quién lo tienes todo, y a quién es que tú debes servirle. Ese punto es demasiado vital en tu vida.

En Hebreos 11, se nos habla de las grandes cosas que, por fe, alcanzó Moisés para Dios. Y es que, una de las capacidades más grandes que tiene la fe, es la de coger todos los eventos de tu pasado y, en vez de deprimirte, darte poder con ellos, para que tú también alcances grandes cosas para Dios.

 

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