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Nuestro amoroso Padre es el Dios de las segundas oportunidades.

Romanos 3.10-18

Nuestro amoroso Padre es el Dios de las segundas oportunidades. Su gracia es tan grande, que ofrece innumerables oportunidades para escuchar el evangelio y recibir a Jesucristo como Salvador. Además, la gracia de Dios llega hasta la suciedad de la naturaleza pecaminosa, a los espíritus rebeldes, a las mentes perversas, y a las lenguas impuras para salvar a su amada creación.

Si usted piensa que el Señor toma las segundas oportunidades a la ligera, lea detenidamente el pasaje de hoy; el cual es una mirada a la humanidad a través de los ojos de Dios. Por nosotros mismos, no importa cuánto tratemos de ser buenos, somos necios, inservibles y perversos. Por fortuna, la gracia de Dios es infinitamente más grande que nuestro pecado.

El Padre celestial es, por supuesto, un juez justo que no puede pasar por alto los pecados de una persona. Si lo hiciera, no sería el Dios justo y santo descrito en la Biblia. Aunque la humanidad pueda ver como bondad esa clase de pasividad, el Señor considera la gracia un término de acción. En consecuencia, implementó un sencillo plan de salvación para cada persona: cualquiera que crea en Jesucristo como Salvador es perdonado. Somos justificados por la fe, y así tenemos paz con Dios (Ro 5.1). La guerra que teníamos con Él ha terminado. Nuestro corazón es lavado de pecados. Desde la perspectiva de Dios, es como si sus hijos nunca hubieran hecho algo malo.

Jesús es nuestra segunda oportunidad. Sin Él, no hay salvación, justificación o gracia. Veamos de nuevo el pasaje de Romanos 3. Las personas no pueden limpiar su corazón; cada hombre y cada mujer deben aprovechar la limpieza que Cristo compró con su sacrificio en la cruz.

Devocional original de Ministerios En Contacto

La primera de nuestras segundas oportunidades

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