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La gracia de Dios es un concepto fundamental que los creyentes debemos entender.

Romanos 5.1-6

Pablo utilizó una bella frase para referirse a la posición del creyente en Cristo: “Tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes” (Ro 5.2, énfasis añadido). Esto no es un charco de misericordia que apenas moja los dedos, sino un enorme océano. La bondad del Señor nos envuelve sin tener en cuenta nuestro valor o mérito.

La gracia de Dios es un concepto fundamental que los creyentes debemos entender. Él ofrece su favor a la humanidad, porque el sacrificio de Jesús en la cruz compró el perdón y la salvación para todo aquel que cree. Sin embargo, muchas personas piensan que están disfrutando de la bondad de Dios, cuando lo que realmente están tratando de hacer es ganarla. Si tenemos que comprar, merecer o esforzarnos por obtener la gracia, entonces no es un regalo (Ef 2.8, 9). El Señor dice claramente que las obras no pueden salvarnos; de hecho, dice que nuestras buenas obras son como trapos sucios (Isa 64.6).

Por otra parte, la gracia no es una licencia para pecar o ser perezosos; los cristianos estamos llamados a servir al Señor todos los días. Desde afuera, normalmente es imposible distinguir entre obras y servicio en la vida de alguien. Pero Dios conoce la motivación del corazón. Él acepta para su gloria las cosas que hacemos para demostrarle nuestro amor y para expresar agradecimiento por sus incontables bendiciones.

Servir a Dios para ganar su favor o para asegurarnos de que Él seguirá bendiciéndonos, equivale a invalidar la gracia. ¡No hay nada que podamos hacer para merecer la bondad del Señor! Él la derrama gratuitamente sobre los creyentes, de modo que cada uno reciba la plenitud de su gracia.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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