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Dr. Alberto M. Delgado
Anfitrión del programa “Todo es Posible”

Alberto DelgadoEnseñarles a tus hijos que sus sentimientos son valorados y respetados es parte importante de la formación de su identidad. Todavía recuerdo cuando mi hija Verónica era pequeñita y tenía una almohadita que llevaba a todos lados, eran inseparables. Pasó el tiempo, y a los catorce años mi hija seguía con ella y yo pensaba: “Esta situación no es normal, quizá necesite liberación, está aferrada a ese objeto”.

Recuerdo que un día, tomé la almohadita y la boté. ¡No se imaginan el llanto que formó mi hija! Parecía que había ocurrido una tragedia. Como yo quería sacarla de la aparente obsesión que tenía con la pequeña almohada, le dije: “¿Por qué lloras tanto por algo que no tiene importancia?” Ella me miró con sus ojos llenos de lágrimas y me dijo: “No tiene importancia para ti, pero para mí sí”. Su sinceridad tocó mi corazón y sentí su dolor. Es verdad que para mí, su pequeña almohada no tenía ninguna importancia, pero para ella sí, aunque no lo comprendía. De modo que busqué aquella almohadita y se la coloqué nuevamente en sus manos. Dios me enseñó a través de esa experiencia que debemos respetar lo que para nuestros hijos es importante. Aunque no lo entendamos, los sentimientos del niño son así.

Hacer lo que le hice a mi hija es ejercer una autoridad en forma indebida; como padres, cuando hacemos algo similar en cualquier otro tipo de situaciones podemos crearle a nuestros hijos heridas y complejos, afectando el desarrollo de su personalidad. Debemos pedirle a Dios que nos dé sabiduría para entender el corazón de nuestros hijos, incluso cuando vayamos a disciplinarles. Hay cosas que pueden marcarles por el resto de sus vidas.

Nuestros hijos necesitan reconocer en cada una de nuestras órdenes que la intención es siempre cuidarles y protegerles. Por lo tanto, cuando les decimos que no, siempre debe haber una razón que se conecte por completo con las enseñanzas divinas, con la Palabra de Dios. A fin de lograrlo, debemos conectarnos con nuestro verdadero Padre Celestial, de modo que seamos capaces de saber quiénes somos y a dónde debemos ir para ser mejores padres y actuar con sabiduría en cada situación. Necesitamos el discernimiento que viene de «arriba».

Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él. Proverbios 22:6

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