En todo momento, el águila macho busca alimento vivo para traer al nido, mientras que, los aguiluchos, durante su desarrollo, pasan por varias etapas de aprendizaje en cuanto al comer. Cada una de estas etapas tiene el propósito de activar el máximo potencial de las crías.
Primero, el águila mastica la carne y se la da al aguilucho. Segundo, el águila le presenta el alimento y lo pone en un lugar del nido, donde el aguilucho comienza a moverse para buscarlo, ejercitando de esta manera el instinto de alcanzar la presa. Tercero, el águila deja que el aguilucho pase por hambre, no trayendo provisión, lo que le indica que tiene que salir a volar a buscar su propio alimento.
Y el 50% de los aguiluchos mueren de hambre o en el proceso de aprender a volar, pues no desarrollan su potencial.
En esa primera etapa en el nido, es donde se aprende que hay provisión. Este nido lo primero que representa es que la mano de Dios está a favor tuyo. Naturalmente, llegarán situaciones difíciles de sequías, pero Dios se encargará de traer la provisión a tu vida. El profeta Elías, en momento de sequía, Dios le enviaba cuervos con la provisión para su vida en la mañana y en la noche. Milagrosamente, así sucederá en tu vida.
Durante la a segunda etapa, en el nido se aprende que los aguiluchos también pueden ir a buscar alimento, yendo al mismo lugar donde el águila consiguió comida. Para alimentarte, podrás ir al Padre, para que te muestre el camino hacia la provisión. Y, en la tercera etapa, se aprende que llega el momento en que hay que salir a buscar de la comida.
El aguilucho es adiestrado en el nido, para que coma lo correcto.
El pueblo de Israel pasó por tres etapas de alimentación: Mientras estuvo esclavo en Egipto, comió pescado de balde; luego, en el desierto, comió mana del cielo; y, en la tierra prometida, tuvo que luchar para comer uvas.
El problema del pueblo fue que, para poseer la tierra prometida y comer uvas, tenía que luchar. No les gustaba el maná porque no podían guardar para el otro día, y preferían el pescado de balde porque lo tenían asegurado en Egipto.
Pero, para crecer en Dios, hay que comenzar a volar como las águilas, y luchar para comer de las uvas. Dios no te ha sacado de Egipto y te ha traído a la tierra prometida, para que te canses y vuelvas atrás. Dios se rehúsa a dejarte volver atrás, a tu vida del pasado. Pero, para comer uvas, tienes que creerle, lanzarte y conquistar.
Por pastor Otoniel Font.

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