Con nuestros labios podemos alabar y glorificar a Dios, enseñar su Palabra, orar y expresarnos aliento y amoroso interés unos a otros.

Santiago 3.1-12

¿Alguna vez ha considerado lo maravilloso que es el regalo del habla? Cuando Dios nos creó, nos dio una voz y un lenguaje para que pudiéramos comunicarnos. Con nuestros labios podemos alabar y glorificar a Dios, enseñar su Palabra, orar y expresarnos aliento y amoroso interés unos a otros. No obstante, nuestras voces también tienen el poder de lastimar. A menudo comienza con algo pequeño, como un comentario irreflexivo que puede empezar a rodar causando daños imprevistos. A veces, podemos expresar nuestra opinión de una manera crítica, que inquieta a la otra persona. O, por curiosidad, podemos hacer una pregunta o hacer una sugerencia que siembre semillas de duda y desconfianza, y de ese modo dañe la reputación de alguien.

La Biblia llama a esto chisme, y Dios tiene palabras fuertes para quienes se involucran en el mismo. Estas personas separan a los amigos íntimos, traicionan las confidencias y provocan disensiones. Lo más alarmante de todo es el hecho de que la palabra griega para el chisme malicioso es diabolos, que también se traduce como “diablo”. Cuando usamos nuestras palabras para derribar a otros, actuamos como el diablo en vez de como Jesucristo. Dios toma nuestras palabras muy en serio, y nosotros también debemos hacerlo. Jesucristo dijo: “De la abundancia del corazón habla la boca” (Mt 12.34). Por lo tanto, lo que necesitamos es una transformación del corazón, y el único que puede hacerlo es Dios. Ya que los chismes son lo opuesto al amor, pídale al Señor que le dé su amor por los demás, para que pueda ser alguien que proteja las reputaciones, cubra los pecados y bendiga a los demás con sus palabras.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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Las palabras de nuestra boca

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