Cuando hemos puesto nuestra confianza en Jesucristo para el perdón de nuestros pecados, nos convertimos en miembros de su Cuerpo.

Efesios 4.11-16

Es posible que usted recuerde al personaje ficticio conocido como el Llanero Solitario. Era un autoproclamado guardián de la ley que llevaba a muchos bandoleros ante la justicia. Aunque luchaba contra el mal, su independencia no es un buen ejemplo para los cristianos.

Cuando hemos puesto nuestra confianza en Jesucristo para el perdón de nuestros pecados, nos convertimos en miembros de su Cuerpo: la Iglesia. No fuimos salvados para ser agentes independientes; por el contrario, Dios desea que estemos sujetos a Cristo, unidos con otros creyentes, y obedientes a los pastores que velan por nuestras almas (He 13.17).

El problema es que muchos quieren a Cristo y los beneficios de la salvación, sin tener que responder ante nadie. Pero Dios ha colocado a ciertas personas en posiciones de liderazgo en las iglesias para nuestro beneficio. Los orgullosos, que se desentienden de los demás, se convertirán en objetivos de nuestro adversario; como un león rugiente, Satanás ve a los llaneros solitarios como una presa fácil (1 P 5.8).

No abandone la protección de la Iglesia. Si lo hace, se volverá vulnerable a las falsas enseñanzas, al engaño, a la astucia de los hombres y a los engañosos planes del diablo.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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Ningún Llanero Solitario

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