¿Sabes que Dios camina tu casa aun cuando estás durmiendo? Él está a tu alrededor cuidándote, protegiéndote. Él camina alrededor de los que le temen y los defiende.
Yo quiero que cada creyente sepa que Dios camina a nuestro alrededor, pero cuando ve algo que no le gusta, cuando ve algo que no es abominable, Él se quita.
Caes en algo que quiero llamarlo, “el valle de la turbación”. Así lo llama Josué capítulo 7 el “valle de Acor” o el “valle de la turbación.” El valle de la turbación vino del tiempo de la conquista. Habían vencido naciones con gigantes. Habían atravesado el Jordán y habían derribado el Jericó. Y ahora seguía una pequeña nación llamada Hai y cuando fueron a conquistarla, Israel perdió la guerra. Todos se rasgaron sus vestidos, y lloraban y Josué estaba postrado y Dios dice “¿Por qué te postras? Hay un anatema en el campamento.”
¿Qué era un anatema? Algo que tenia que ser destruido, algo que es inmundo. Dios no quiere algo que es inmundo en nuestro campamento. Cuando lo hay, Él se aparta y quedas en el valle de la turbación. Lo que tú crees que es fácil conquistar, no lo puedes conquistar. Las batallas que tú crees que son fáciles vencer, no las puedes vencer.
Yo creo que muchos de ustedes hoy están en el valle de la turbación. Dios le dice a Israel en el valle que Él no estaría con ellos por ese anatema, que iban a perder la fuerza para conquistar, que no iban a poder hacer frente a sus enemigos, sino que le daría la espalda. Pierdes la habilidad y eso se llama estar en un terreno donde hay lloro, quebranto, lamento y tú no entiendes por qué.
¿Cómo entra alguien ahí?
- Entra por adulterio. Cuando alguien maltrata a su esposa o es infiel, entra en ese valle y tienes que llorar y llorar. Dios no quiere que estés ahí.
- Cuando alguien roba a Dios dice: “Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.” Dice: “¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas.” (Malaquías 3:8-9) Ese queda en un valle de turbación.
- Cuando alguien confía el hombre y no en Dios. Dice “no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada.” (Jeremías 17:6) Está en el valle de la turbación. Viene el bien, toca a la diestra y a siniestra, muchos a tu alrededor son bendecidos, pero a ti no te llega la bendición. Estás en el valle de la turbación porque confiaste en el hombre.
- Cuando hay un anatema. Algo que Dios dice “tiene que ser destruido.” Cosas de ocultismo, cosas de piratería, adivinación o sortilegio que Dios abomina.
Si dices, “Pastor, estoy viviendo algo difícil, no conquisto, no avanzo. Veo que todos pueden hacerlo y yo no lo puedo hacer.” Entonces estás leyendo la palabra correcta. Entonces siéntate al borde de tu silla y pon atención porque Dios este día va a romper para ti esa maldición. Te va a sacar del valle de la turbación y te va a poner en el valle de la bendición donde Dios te planto, donde fluyen las aguas y donde todo lo que haces prosperará.
Prepárate ahora. ¿Cómo sales?
Por supuesto que con arrepentimiento. Cuida de tu esposa, da a Dios lo que le pertenece, confía en Él, destruye el anatema. Pero hay un altar. A mí me gusta que después del arrepentimiento, los creyentes puedan venir al altar porque ahí se acaba el valle de la turbación.
Hay un Salmo que es muy conocido que es el Salmo 20 que habla del día del conflicto. ¿No te parece que el día del conflicto tiene que ver con el valle de la turbación? Es el día difícil, cuando tú ves las cosas complicadas, Él se levanta y hace memoria de esos votos que has traído al altar y te defiende y te da el deseo de tu corazón.
Y en el Salmo 50, también muy amado por nosotros. Habla del día de la angustia. Yo estuve mirando bien esa palabra “día” y no se refiere por ejemplo al 10 de marzo, o el miércoles. No se refiere a esa palabra “día.” Se refiere específicamente a la hora más caliente que lo llama “el día de la angustia.” Es la hora más caliente de tu angustia. En la hora más difícil de tu angustia, Dios se levanta por ti para librarte y tú lo honrarás y lo alabarás.
Dice específicamente: “Sacrifica a Dios alabanza,
Y paga tus votos al Altísimo; E invócame en el día de la angustia; Te libraré, y tú me honrarás.” (Salmo 50:14-15) Ese salió del valle de la turbación y este día tú vas a salir de ese valle. Dios no te quiere ahí.
En el libro de Josué, en el capítulo 7 cuando pasa lo del anatema, a partir del 8, no hay derrota. Israel no conoce la derrota. Va de victoria en victoria en victoria. De gloria en gloria en gloria. Eso es lo que Dios quiere para ti. Ese es el plan de Dios.
Cuando Dios lleva a la tierra de la conquista, no los lleva para perder. No los lleva para ser derrotados. Los lleva para conquistar. Eso es lo que Dios quiere contigo. Ten limpio tu campamento porque sobre tu vida está la bendición para conquistar. Dios no sabe qué es derrota. Nunca ha perdido una guerra y si tú caminas con Él, nunca perderás una guerra.
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