Ha habido momentos en que la guerra ha llevado a la paz entre las naciones.

Lucas 6.27-31

Algo que genera confusión en cuanto a la guerra es la aparente discrepancia entre las palabras de Cristo y las batallas aprobadas por Dios en el Antiguo Testamento. ¿Pueden unirse ideas tan distintas? ¿Cómo puede el Dios que le dijo a Israel que destruyera a los cananeos (Dt 20.17) ser el mismo que dijo: “Amad a vuestros enemigos” (Lc 6.27)? Para saber interpretar pasajes bíblicos como estos, es importante entender su contexto. En Lucas 6, el Señor estaba hablando de conflictos personales, no de guerras nacionales. Como hijos de Dios, debemos imitarlo siendo “benignos para con los ingratos y malos” (v. 35).

Para aclarar esta cuestión, debemos distinguir entre órdenes dadas a naciones e instrucciones dadas a personas. El Señor ha conferido ciertas responsabilidades a los gobiernos. Los llama ministros de Dios para el bien, y les confía el castigo del mal (Ro 13.4). Mientras que a las personas, les dice: “No os venguéis” (12.19). Dios permite que los gobiernos se involucren en la guerra para la protección de quienes son agredidos. En el campo de batalla, un soldado con una mentalidad humilde cumple con sus deberes porque es obediente a la autoridad de su gobierno (13.1, 2). Lo cual es diferente a cuando alguien busca venganza; el asesinato es la reacción ante la ira o los celos; está motivado por el deseo de destruir a otra persona, y a menudo resulta también en la propia destrucción. Ha habido momentos en que la guerra ha llevado a la paz entre las naciones. Pero nunca experimentaremos paz interior si contendemos con las personas que nos traten mal.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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Cómo conciliar el amor y la guerra

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