No nos gusta pensar que la voluntad de Dios para nuestra vida pueda incluir dolor, sufrimiento o persecución.

Hechos 16.16-34

Un indicio por medio del cual solemos determinar si estamos andando en la voluntad de Dios es el resultado. El supuesto es que cuando estamos haciendo lo que el Señor desea, las cosas marchan bien. Pero si surgen problemas y dolores de cabeza, entonces es porque probablemente nos hemos desviado de su voluntad.

Pero Pablo enseña que eso no siempre es correcto. En 1 Corintios 16.9, él escribe: “Porque se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios”. Eso es exactamente lo que sucedió cuando Dios cerró una puerta, y abrió otra en el segundo viaje misionero del apóstol (Hch 16.6-10). Después que Lidia y su familia recibieron el evangelio, esta nueva oportunidad debió haber parecido esperanzadora. Sin embargo, poco tiempo después, Pablo y Silas fueron a parar a una cárcel de Filipos.

No nos gusta pensar que la voluntad de Dios para nuestra vida pueda incluir dolor, sufrimiento o persecución, pero eso es lo que enseña la Biblia. El Señor usa la aflicción para probar nuestra fe, enseñar la dependencia de Él, desarrollar el carácter piadoso y la madurez espiritual, y nos prepara para consolar a otros (Ro 5.3, 4; 2 Co 1.4). Pero Él también utiliza el sufrimiento para dirigir a otros a Cristo. Es poco probable que el carcelero hubiera estado tan dispuesto a aceptar el Evangelio, si Pablo y Silas no hubieran respondido al trato injusto cantando himnos de alabanza a Dios.

Cuando el Señor abre una puerta de sufrimiento en nuestra vida, también abre una oportunidad para que los no creyentes vean a Dios actuando en nosotros. En vez de tratar de escapar, aprendamos a responder de una manera que atraiga a otros al Salvador.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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Cómo reconocer las puertas abiertas de Dios

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