El juicio y la ira de Dios se derramaron sobre Jesucristo.

Juan 1.29-36

La Biblia le da varios nombres a Jesús: Mesías, Señor, Cristo, Rabí, Maestro; pero el menos familiar para el mundo moderno es, probablemente, Cordero de Dios. Dado que la mayoría de nosotros no tenemos origen judío, es posible que tengamos una comprensión limitada de este título. Pero los hijos de Israel de ese entonces entendían su significado. Los corderos eran para el sacrificio.

Dios siempre ha tratado con el pecado por medio de la sangre de los sacrificios. Cuando Adán y Eva pecaron, un animal fue sacrificado para cubrir la desnudez y la vergüenza de dos personas (Gn 3.21). En la primera Pascua, cada hogar puso en la puerta sangre del sacrificio (Éx 12.1-7). Más tarde, un macho cabrío era sacrificado para la expiación de toda la nación (Lv 16.15). Ahora bien, en Juan 1.29, vemos el sacrificio final ­—el del Cordero que quita los pecados del mundo.

Usualmente, una persona realiza sus logros más grandes mientras vive, pero pensemos en lo que Jesús logró por medio de su muerte. Así como animales inocentes habían muerto previamente en lugar de los culpables, Cristo dio su vida perfecta por la humanidad pecadora. Asumió toda la responsabilidad por nuestros pecados, y tomó el castigo que merecíamos. Cuando colgaba en la cruz, el juicio y la ira de Dios se derramaron sobre Él, en vez de nosotros.

Debido a que estamos limitados por nuestra mente y sentidos humanos, no podemos comprender plenamente todo lo que el Cordero de Dios soportó para darnos salvación. Pero sabemos lo suficiente para entender que le debemos nuestra vida; por eso, démosle el primer lugar en nuestro corazón.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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El Cordero de Dios

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