Es comienzo de año y el sentimiento normal es de “borrón y cuenta nueva.” Nos proponemos metas y a veces aún estamos preparándonos, sin darnos cuenta, a decepcionarnos de nosotros mismos, a entrar en ciclos de duda y culpabilidad.

Errores que cometemos en nuestras resoluciones de año nuevo:

1. Creer que es nuestro deber “arreglarnos”

Al inicio del año podemos con buenas intenciones comenzar a analizarnos, y sin darnos cuenta, comenzar a juzgarnos. Nuestras intenciones por cambiar son nobles. Queremos agradar a Dios y ser mejores personas. Sin embargo, ese mismo deseo por ser mejores se puede llegar a convertir en un afán. En Gálatas 5:1 Pablo nos recuerda: “Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud.” Más adelante nos insta a que no caigamos de la gracia, tratando de ser justificados por la ley. En este inicio de año, mientras tratamos de cambiar y mejorar, recordemos que es Dios quien va a obrar en nosotros, y que solos no podemos alcanzar ninguna de estas metas. De acuerdo con Juan 15:4, no podemos dar fruto si no permanecemos en Cristo.

“No será por la fuerza ni por ningún poder, sino por mi Espíritu -dice el SEÑOR Todopoderoso-. Zacarías 4:6

2. No orar con respecto a las metas que queremos alcanzar

Nos podemos poner metas humanas, sin ser guiados por el Espíritu Santo. ¿Qué tiene de malo, podríamos pensar, con tratar de bajar un poco de peso? ¿O cuál es el problema que con que me quiera leer la Biblia en un año? El problema es que podemos enfocarnos tanto en lo que nosotros queremos para nuestras vidas, que no le preguntamos a Dios qué quiere él. Debemos ser guiados por el Espíritu, si el espíritu nos da vida (Gálatas 5:25). ¿Quién mejor que Dios, el que diseñó tu cuerpo, para que te guíe sobre cómo bajar de peso? ¿Quién mejor que el Espíritu Santo para guiarte en la lectura de Su Palabra? No es bueno que quieras tanto bajar de peso, por ejemplo, que te llegues a afanar y le des tanto lugar a la comida o vanidad en tu cabeza. Sin embargo, siendo guiado por Dios, puedes llegar a alcanzar tu peso saludable en paz. De igual forma como lees la Biblia. Podrías estresarte tanto sobre qué capítulo te toca leer ese día de acuerdo a tu calendario, que no estás sensible a lo que Dios quiere que leas ese día o en ese momento. En el libro de Salmos, Dios dice: “Yo te instruiré, yo te mostraré el camino que debes seguir; yo te daré consejos y velaré por ti.” Salmo 32:8 Tenemos al mejor consejero disponible, al creador del Universo interesado en nosotros, y no solo interesado, sino que nos dice que velará por nosotros.

Confía en el SEÑOR de todo corazón,
y no en tu propia inteligencia.
Reconócelo en todos tus caminos,
y él allanará tus sendas. Proverbios 3:5-6

3. Pensar que Dios no nos ve completos

Aún con nuestros defectos, con todo lo que nos queda por delante y el camino que tenemos por delante, mantengamos siempre en nuestro espíritu la verdad de que en Cristo, ya la obra está completa. Operemos desde esa paz. Él cargó con nuestros pecados. Por él hemos recibido la justicia de Dios (2 de Corintios 5:21). ¡Qué privilegio tenemos, de haber recibido la justicia de Dios! Cualquier otra transformación comenzará con la renovación de nuestra mente, o sea que será Dios mismo obrando a través de Su Palabra. “Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.” Romanos 12:2 La Palabra de Dios también nos enseña que “en unión con Cristo, Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales,” – Efesios 2:6 . Si estamos sentados en regiones celestiales, los problemas de este mundo son insignificantes. Cuando comenzamos a operar desde una posición de victoria, tenemos la batalla ganada. No se trata de fuerza de voluntad propia, sino del espíritu que Dios nos ha dado. Y su Palabra nos enseña que “no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio.” 2 de Timoteo 1:7

“Toda la plenitud de la divinidad habita en forma corporal en Cristo; y en él, que es la cabeza de todo poder y autoridad, ustedes han recibido esa plenitud.” Colosenses 2:9-10

Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! – 2 de Corintios 5:17

4. No aplicar fe a nuestras resoluciones

A pesar de que el año nuevo nos da una motivación extra para sentir que estamos comenzando de nuevo, debemos recordar que como cristianos tenemos un beneficio adicional que el resto de la población no tiene en su caminar: “sus misericordias son nuevas cada mañana” (Lamentaciones 3:23). Sus misericordia nos ayudará a alcanzar esas metas por las cuales ya hemos orado, y ya hemos comenzado a perseguir en fe. Y esta es la siguiente clave. Debemos agregarle el ingrediente de la fe. “Porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe.” 1 de Juan 5:4 . Aprendamos a aplicar fe para todas las áreas de nuestra vida, a involucrar a Dios en cada detalle. Tal vez no lo has hecho hasta ahora en las pasadas resoluciones de año nuevo, pero es importante que lo hagas, porque la Palabra de Dios nos enseña que sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6).

5. No creer en grande

Finalmente, cuando Dios te guíe en tus metas para este año, no tengas miedo en creer lo que está poniendo en tu corazón, ni de pedirle lo que está profundo en tu corazón. Jesús tuvo un encuentro con dos ciegos que querían ser sanos. Jesús les preguntó si creían que él los podía sanar. Como ellos dijeron que sí, Jesús les respondió “Se hará con ustedes conforme a su fe” (Mateo 9:29). ¡Qué decepción sería que Dios se limite por nuestra fe, porque no nos atrevimos a creerle!


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Errores que cometemos en nuestras resoluciones de año nuevo

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