La transigencia comienza cuando ignoramos las instrucciones de Dios y seguimos las prácticas del mundo.

1 Reyes 11.1-13

Las historias de la Biblia no son solo relatos interesantes de personas y acontecimientos antiguos; contienen principios muy importantes que se aplican a todos nosotros. Por ejemplo, la vida del rey Salomón nos ayuda a ver las desastrosas consecuencias de la transigencia. Salomón comenzó su reinado con devoción a Dios y prioridades buenas (1 R 3.5-9). Entonces, ¿qué hizo que cambiaran sus deseos?

“El rey Salomón amó… a muchas mujeres extranjeras” (1 R 11.1). Aunque esta era una práctica aceptada para los reyes de esa época, Dios había instruido a su pueblo a no casarse con mujeres de otras naciones (1 R 11.2) y había prohibido a los reyes de Israel tomar varias esposas (Dt 17.17).

“Sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos” (1 R 11.4). En vez de aferrarse al Señor en amor y devoción, Salomón dejó que sus esposas lo guiaran hacia deidades extranjeras.

“Salomón siguió a [sus dioses]” (1 R 11.5). Al principio, simplemente permitió que sus esposas adoraran a sus dioses, pero pronto se unió a ellas en la idolatría.

“Dijo Jehová a Salomón:… ‘romperé de ti el trono’” (1 R 11.11). Debido a que el rey ignoró las reprensiones y siguió desobedeciendo, Israel experimentó una guerra civil que dividió la nación.

La transigencia comienza cuando ignoramos las instrucciones de Dios y seguimos las prácticas del mundo. Entonces comenzamos a amar a las personas, actividades o cosas materiales más de lo que amamos a Dios, y pronto nos encontramos yendo tras de lo que ha prohibido. Si no prestamos atención a su disciplina, corremos el peligro de perder lo que quería para nuestra vida. Pero si nos negamos a transigir, seguiremos dedicados a Él.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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La senda de la transigencia

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