Calma tu mente y calla delante de Él; es posible que el Señor pueda impactar tus sentidos con su apacible y fascinante voz.

1 Reyes 19.8-18

¿Alguna vez se ha puesto un caracol en su oído? La creencia popular es que si usted lo hace y permanece absolutamente inmóvil y callado, podrá oír el sonido del océano dentro del caracol. Parece poco probable, pero cuando lo intentamos, siempre parece que escuchamos algo, ¿no es así?

Hay muchas cosas en la vida que, simplemente, no podemos escuchar hasta que estamos callados y escuchando con atención. Cuando nos concentramos en un caracol, escuchamos el océano. Pero, ¿qué podemos esperar si dirigimos nuestra atención a Dios?

En el pasaje de hoy, vemos a Elías necesitando con desesperación una palabra del Señor. Primero, un viento fuerte sopla a través de las montañas donde está descansando, pero Dios no está en el viento. Luego un terremoto sacude a la Tierra misma, pero Dios no está en el terremoto, tampoco. Finalmente, aparece un fuego brillante y consumidor, pero Elías sabe que Dios tampoco está allí.

Después de la dramática incidencia de estas tres poderosas fuerzas, las cuales podrían haber sido una estupenda representación del poder de Dios, el Señor se acerca con una brisa suave. Y Elías lo reconoce inmediatamente.

Dios no siempre nos habla de la manera que esperamos. Es posible pasar por alto su llamado más intenso que, a menudo, viene a través del silencio.

¿Qué podría estar susurrándole Dios hoy? Calme su mente y calle delante de Él; es posible que el Señor pueda impactar sus sentidos con su apacible y fascinante voz.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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Obstáculos para escuchar la voz de Dios

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