Cuando sembramos para el Espíritu, sembramos la verdad de Dios en nuestra mente y en nuestro corazón.

Santiago 3.9-18

En todas nuestras decisiones diarias, o bien “sembramos para la carne”, o bien “sembramos para el Espíritu” (Ga 6.8). Con nuestras acciones y pensamientos, plantamos semillas que afectan la clase de persona en la que nos estamos convirtiendo, y también el nivel de impacto que tendrá nuestra vida para Dios.

La “carne” es la parte de nosotros que quiere vivir y actuar independientemente del Señor. Como humanos, todos tenemos que lidiar con esta tendencia; no la perdemos cuando somos salvos. No obstante, el Espíritu Santo nos libera de la esclavitud de la carne. Comienza a cambiarnos para que comencemos a vivir de acuerdo con la verdad. Las decisiones que tomamos contribuyen al proceso de transformación, y cuando están en armonía con el trabajo del Espíritu Santo, siembran semillas buenas que resultan en nuevo crecimiento.

Cuando usted siembra para el Espíritu, siembra la verdad de Dios en su mente y corazón. Entonces comienza a experimentar la vida eterna, que viene de conocer verdaderamente al Señor (Jn 17.3). El fruto del Espíritu se forma de manera natural a partir de estas semillas, e influye en cada aspecto de su vida. Al alimentar su espíritu con las cosas de Dios, se volverá más fuerte, más como Cristo, y sus pensamientos y acciones se llenarán más del Señor.

¿Está alimentando su espíritu y la fuente de su vida, o alimentando la carne que quiere actuar independientemente de Dios? ¿Siembran sus decisiones semillas que edifican su vida, haciéndole diferente y permitiendo que corrientes de agua viva fluyan de usted para alimentar a otros? (Vea Jn 7.37-39).

Devocional original de Ministerios En Contacto

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Sembrar para el Espíritu

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