Si ordenamos nuestra vida de conformidad con la Palabra, viviremos por fe, no por sentimientos.

Hechos 24.24-27

Nos gusta creer que nuestros hábitos dilatorios no tienen importancia, y nos decimos a nosotros mismos que nadie está siendo perjudicado por las cosas que aplazamos. Con el tiempo, sin embargo, nuestras decisiones de postergar nuestras responsabilidades pueden convertirse en un patrón. En la lectura de hoy, el gobernador Félix postergó tomar una decisión en cuanto a Cristo y, al final, nunca lo hizo.

Para encarrilarnos, debemos cambiar nuestra actitud en cuanto a dejar las cosas para después, reconociendo que es un problema grave y tomando acción. Es importante identificar cualquier sentimiento de duda y de malestar que podamos tener, confesar que la falta de resolución controla nuestra vida, y luego darle la espalda. Dígale a Dios: “Quiero vivir de acuerdo con tu plan y agradarte con mi obediencia”.

El arrepentimiento debe estar acompañado por el compromiso de adoptar nuevas maneras vivir. Utilice la Palabra de Dios para luchar contra este serio problema. Lo que somos en Cristo y lo que Él es para nosotros son las verdades necesarias para vencer los malos hábitos. La Biblia dice que somos nuevas criaturas y que ya no somos esclavos del pecado (Gá 5.1). Jesús, nuestro Salvador, es también nuestro Señor. Él nos da todo lo que necesitamos (2 P 1.3). Su gracia convierte en fortaleza nuestra debilidad (2 Co 12.9). La victoria es nuestra por medio de Él (Ro 8.37).

Si ordenamos nuestra vida de conformidad con la Palabra, viviremos por fe, no por sentimientos. Jesús ofrece hacernos libres de la esclavitud de la irresponsabilidad. ¡No postergue aceptar su invitación!

Devocional original de Ministerios En Contacto

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Cómo superar la postergación habitual

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