Las peticiones de Dios pueden llegar cuando menos las esperemos.

Lucas 5.1-11

En Lucas 5 leemos que Pedro había pasado la noche como acostumbraba hacerlo —pescando— pero no atrapó ningún pez. Seguramente estaba cansado, frustrado y listo para irse a su casa. Pero el Señor Jesús le pidió prestada su barca para predicar a la multitud. Pedro sabía que había otras barcas alrededor, pero el Señor le pidió la suya.

Cuando Cristo terminó de hablar a la multitud, le dijo a Pedro que lanzara las redes de nuevo. El pescador respondió: “Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu nombre echaré la red” (Lc 5.5). La obediencia de Pedro llevó a que redes se desbordaran de peces. Al aceptar el plan del Señor, experimentó bendiciones tanto materiales como espirituales. Los beneficios superaron con creces cualquier esfuerzo o inconveniencia.

Las peticiones de Dios pueden llegar cuando menos las esperemos. Podemos estar tentados a dejar que sea otra persona quien responda, al pensar que no importará quién conteste su llamado. Pero los planes de Dios son siempre para nuestro bien espiritual (Jer 29.11). Obedecer a Dios, incluso en áreas en las cuales nos sentimos capacitados para manejarlas solos, es fundamental para disfrutar de las recompensas de la obediencia y extenderlas a otros. ¿Qué le está pidiendo el Señor Jesucristo?

Devocional original de Ministerios En Contacto

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El gozo de la obediencia

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