El amor de Dios por nosotros es más que afecto; tiene la función de perdonarnos y restaurarnos.

Lucas 15.11-24

Las limitaciones del idioma a veces disminuyen nuestra comprensión de los conceptos de las Sagradas Escrituras. Por ejemplo, solo hay una palabra para amor en español, pero el Nuevo Testamento usa dos palabras griegas diferentes. Una de ellas, fileo, se refiere al cuidado y afecto fraternal, pero el término más poderoso ágape significa un compromiso sacrificial con el bienestar, la seguridad y el desarrollo de los demás. Esta es la clase de amor que Dios siente por nosotros, y que el Espíritu Santo produce en los creyentes y por medio de ellos.

Tal vez la mejor manera de entender el amor ágape es ver cómo es. En su parábola del hijo pródigo, Jesús se refiere al amor sacrificial de un padre por su hijo descarriado. Cuando el joven exigió su herencia de manera prematura, el padre no se negó a su petición, aunque sabía que lo llevaría solamente a la amargura. Entonces, a pesar del sacrificio personal y financiero, dio a su hijo su parte. Después, el padre esperó con paciencia mientras el hijo pródigo aprendía una lección difícil.

Sin duda, ese fue un tiempo difícil para el padre, porque un buen padre quiere proteger a sus hijos de los errores y de sus consecuencias. Pero un hombre sabio también sabe que algunas verdades difíciles deben aprenderse por medio de una experiencia dolorosa. A veces, lo mejor que podemos hacer es confiar en que el Señor tocará los corazones rebeldes.

Pero el amor ágape no solo deja ir; también perdona y restaura. Cuando el hijo pródigo regresó a casa, humilde y contrito, su padre corrió hasta él para recibirlo y restituir su lugar en la familia; lo mismo hace el Padre celestial por nosotros.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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El poder del amor

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