Nuestra adoración y nuestro servicio son aceptables solo si se ofrecen conforme a los deseos y planes de Dios, no a los nuestros.

Malaquías 2.1-9

Malaquías comunicó un mensaje severo a los sacerdotes de Israel. Años antes, el Señor había elegido a los descendientes de Leví para que se encargaran del templo e instruyeran al pueblo. Este sagrado deber era un honor que debería haberles hecho admirar al Señor y servirle con temor y reverencia. Pero en los días de Malaquías, los sacerdotes habían deshonrado a Dios con sus actitudes y acciones.

A primera vista, puede parecer que este pasaje del Antiguo Testamento no tiene nada que ver con nosotros; pero, como creyentes en Cristo, somos sacerdocio santo que ofrece sacrificios espirituales aceptables a Dios
(1 P 2.5). Esta verdad debería hacernos considerar si estamos cumpliendo este deber sagrado. Las faltas de los sacerdotes en Malaquías 2 nos advierten qué actitudes nos llevarán por el sendero de la irreverencia y la desobediencia.

 Primero, los sacerdotes deshonraron el nombre de Dios al servirle de manera descuidada y ofreciendo sacrificios no aceptables (vea Mal. 2.1-3).

 Segundo, fueron desagradecidos en cuanto al pacto de Dios, que les daba fácil
acceso a Él por medio de su servicio sacerdotal (vea Mal 2.4-6).

 Tercero, no preservaron el conocimiento de la Palabra de Dios, sino que descarriaban al pueblo con sus enseñanzas (vea Mal 2.7-9).

Dado que ahora somos sacerdocio santo de Dios, debemos preguntarnos si hemos deshonrado su nombre con una adoración descuidada, la ingratitud o por haber fallado en sostener su verdad tal como está revelada en las Sagradas Escrituras. La salvación es una bendición maravillosa, pero viene con responsabilidades. Nuestra adoración y nuestro servicio son aceptables solo si se ofrecen conforme a los deseos y planes de Dios, no a los nuestros.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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Adoración y servicio aceptables

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