El tiempo que pasemos con el Señor puede combatir la desesperanza.

Hechos 27.1-25

Las personas nos decepcionan, las circunstancias nos causan dolor y nuestras limitaciones nos frustran. El Señor Jesús dijo a sus discípulos que las luchas son parte de la vida (Jn 16.33), y muchos otros relatos bíblicos muestran evidencias de esta realidad.

Ana no podía tener hijos. Cuanto más esperaba, más desaparecía su esperanza, y el dolor y la amargura se apoderaban de ella (1 S 1.6-10).

Pablo fue atrapado en una tormenta. En contra de su consejo, el capitán hizo que la tripulación zarpara, poniéndolo en peligro a él y a todos a bordo. Después de los esfuerzos por salvar la nave, los que estaban a bordo tuvieron que nadar hasta la orilla para sobrevivir (Hch 27.10, 11, 42-44).

Un Saúl celoso persiguió a David para tratar de matarlo. En el Salmo 13.1, David se preguntaba si Dios se había olvidado de él.

¿Qué hicieron estas personas? Oraron. Ana clamó a Dios, y le pidió que le diera un hijo. Recuperó la esperanza porque confió a Él su futuro. Pablo habló a los marineros desesperados, y les dijo que no temieran porque el Señor los salvaría. David no se detuvo, sino que se centró en el amor de Dios (Sal 13.5, 6).

El tiempo que pasemos con el Señor puede combatir la desesperanza. Desvía nuestra atención de las circunstancias al gran amor que el Padre celestial siente por nosotros.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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El sentimiento de desesperanza

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