Dios no nos dejó desvalidos, sino que por su amor y su gracia envió a su Hijo para que fuera nuestro Redentor.

Mateo 25.31

Cuando ora, ¿cómo se acerca a Dios? Muchos cristianos visualizan a un ser santo y justo, y se dirigen a Él con sentimientos de temor, indignidad y reserva. Por otro lado, otros creyentes imaginan al Señor como un amigo más, y hablan con Él con poca reverencia.

Ninguna de estas actitudes es saludable. Nuestras mentes finitas no pueden comprender plenamente que Dios es tanto santo como misericordioso. Veamos primero el lado santo del Señor, generador de temor reverente. Si consideramos la fuerza de la naturaleza que Dios creó y los asombrosos milagros que ha realizado, es más fácil visualizar el increíble poder del trono celestial.

El templo del primer siglo tenía un área llamada el Lugar Santísimo, donde residía la presencia de Dios. Solamente el sumo sacerdote podía entrar, y eso en días específicos, después de la limpieza y preparación del ritual. Si él no se preparaba de acuerdo con las normas sagradas, era herido de muerte.

Estar en la presencia de Dios requiere obediencia. De hecho, debido a la absoluta santidad y perfección del Señor, Él no puede tener comunión con la pecaminosidad, que es la condición de toda la humanidad (Ro 3.9). Por consiguiente, cada uno de nosotros es culpable y merece la condenación. Pero, por fortuna, Dios no nos dejó desvalidos, sino que por su amor y su gracia envió a su Hijo para que fuera nuestro Redentor.

Cada página de la Biblia puede aumentar nuestra comprensión de la grandeza de Dios. ¿Está usted maravillado ante su presencia y sus hechos? Para entender más sobre la naturaleza de Dios, lea su Palabra y medite en ella. Luego, dedique tiempo para alabarlo, pues solo Él es digno de nuestra adoración.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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El trono de la gloria

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