Acudir al Señor no siempre pondrá fin a las dificultades, pero nos ayudará a entender que estamos donde Él quiere que estemos.

Génesis 50.15-21

Dios nos ha dado muchas promesas maravillosas en su Palabra. Sin embargo, aunque contamos con su amor inalterable (Romanos 8. 38, 39), provisión (2 Corintios 9.8) y guía (Proverbios 16.9), no nos ha prometido una vida libre de dificultades. No obstante, si podemos contar con que el Señor hará que todas las cosas, incluso las adversidades, sean para nuestro bien (Romanos 8.28). Mucho antes de que el apóstol Pablo escribiera esta palabra de aliento a la iglesia en Roma, José aprendió el mismo principio al experimentar su verdad. De todos modos, su confirmación se produjo varios años después de que terminara su injusto sufrimiento. En medio de sus dificultades, es poco probable que haya entendido lo que Dios estaba haciendo en su vida.

Lo mismo es verdad para nosotros. Cuando nos alteramos por hechos turbulentos, es difícil dejar de mirar las circunstancias con horror o confusión. Pero debemos decidir creer lo que dice la Biblia acerca del carácter, la obra y la voluntad de Dios. Esa decisión quita nuestra atención de la tormenta, y la dirige hacia Aquel responsable de guiarnos de manera segura. En su presencia, los temores disminuyen y las dudas se disuelven; la paz y la sensación de unidad con el Señor tomarán su lugar. Nuestra responsabilidad es mantener nuestros ojos en Dios, y confiar en la fortaleza, la sabiduría y la valentía que nos da el Espíritu Santo. Acudir al Señor no siempre pondrá fin a las dificultades, pero nos ayudará a entender que estamos donde Él quiere que estemos. Dios tiene una razón para nuestro desasosiego, y cualquiera que sea la situación, el lugar más seguro del mundo es el centro de su voluntad.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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La clave para soportar las dificultades

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