Cristo anhela relacionarse de manera cercana y personal con usted.

Lucas 5.27, 28

Ayer vimos cómo La Biblia responde a la pregunta ¿Quién es Jesucristo? Una vez que tenemos esa información, debemos decidir qué hacer con ella. Algunos pueden ignorar lo que han aprendido, pero la verdad es que solo tenemos dos opciones: aceptar o rechazar a Cristo como Salvador; sin embargo, abstenerse no es más que una forma de rechazo. Entonces, ¿cómo aceptamos a Cristo? La respuesta es que debemos creer en Él. Lo cual significa creer de corazón que su muerte en la cruz del Calvario pagó por nuestro pecado. Esto no es solo un entendimiento intelectual; más bien es una entrega total al Señor como el único que puede perdonar nuestros pecados y reconciliarnos con el Padre. Y así, cuando recibimos a Cristo como Salvador, nos convertimos de inmediato en hijos del Rey.

Los creyentes también debemos obedecer los caminos de Cristo. Permitir que Él viva su señorío a través de nuestra vida significa rendir nuestra voluntad y deseos a los suyos. Además, los cristianos debemos adorarle y estar tan sobrecogidos por su presencia, que nuestros corazones y labios rebosen de adoración. Por último, por supuesto, debemos compartir la verdad con los demás. Justo antes de ascender al cielo, el Señor ordenó a sus seguidores que difundieran las buenas nuevas de salvación al mundo entero (Mt 28.19, 20). Somos bendecidos al tener acceso a la Palabra de Dios. Una vez que sabemos quién es Él, debemos decidir si le entregaremos o no nuestra vida. Él anhela relacionarse de manera cercana y personal con usted. ¿Aceptará su ofrecimiento?

Devocional original de Ministerios En Contacto

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La decisión de seguir a Cristo

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