Por la gracia sustentadora del Señor, tenemos acceso a su poder, sabiduría y guía.

1 Corintios 2.1-5

El Señor promete darnos todo lo que necesitamos para la vida y la piedad (2 P 1.3). Es una promesa que cumple siempre. Sin embargo, cuando la vida nos golpea con fuerza, podemos sentirnos tentados a dudar y rendirnos. Si nuestra fe comienza a vacilar, necesitamos pensar en lo que ya hemos recibido de Él, y luego buscar evidencias de que está obrando. Debemos recordar que hemos sido liberados del castigo del pecado. Puesto que Cristo pagó el precio al morir en la cruz en nuestro lugar, no debemos nada por nuestras transgresiones. Dios ahora nos considera sin culpa: en el momento de la salvación, cada uno de nosotros se convirtió en una nueva creación y se nos dio la justicia de Cristo (1 Co 1.30). En un principio, nos dirigíamos hacia la separación permanente del Señor, pero nuestro destino eterno ha sido cambiado a un hogar celestial en su presencia. Y el Espíritu Santo de Dios vive dentro de nosotros como nuestro compañero constante y fuente de fortaleza.

Aun en las peores situaciones, nuestro Padre actúa para cumplir su voluntad. José fue traicionado cuando sus hermanos lo vendieron como esclavo, y más tarde sufrió injusticia cuando fue encarcelado por hacer lo correcto. Al final, se dio cuenta de que Dios había usado esas circunstancias para salvar a su familia de una hambruna que amenazaba sus vidas (Gn 45.5). De manera parecida, Dios usa la adversidad para desarrollar nuestro carácter y dependencia de Él, y para bendecirnos a nosotros y a los demás. Por la gracia sustentadora del Señor, tenemos acceso a su poder, sabiduría y guía. Si se lo pedimos, el Espíritu de Dios nos dará fortaleza para perseverar, y su ayuda para luchar contra la duda.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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La suficiencia de la gracia de Dios

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