Como somos salvos por fe, también vivimos por fe, con confianza en el Señor, día tras día, para todas nuestras necesidades y preocupaciones.

Gálatas 2.20

Hudson Taylor fue un misionero que sirvió en la China a mediados del siglo XIX. En cierto momento, se sintió abrumado por los problemas económicos, la responsabilidad de dirigir una misión y el volumen de correspondencia que aguardaba su atención. Todas las cartas que escribía a sus amigos y familiares estaban llenas de derrota y desaliento. Al ver su necesidad, un amigo misionero le preguntó en una carta: “Hudson, cuando piensas en Cristo, ¿tiene Él el ceño fruncido? ¿Está preocupado y ansioso porque no sabe lo que sucederá, o si habrá suficiente dinero?”. Luego añadió: “Cuando tu vida se convierta en la de Cristo, no habrá necesidad de preocuparse, porque ya no será más Hudson quien soporte las cargas, sino el Señor; y Él nunca se verá abrumado por los problemas”.

Dios cambió a Hudson Taylor en ese momento. Sus circunstancias eran las mismas; de hecho, los problemas aumentaron, pero la reacción de Taylor fue distinta. Antes estaba inquieto y luchando, ahora descansaba en el Señor y confiaba con un espíritu sereno, tranquilo y sosegado. A veces pensamos que estar crucificado con Cristo se reduce a una vida de renuncia: a practicar la abnegación y decir no al pecado, a las tentaciones y a los placeres mundanos. Pero también incluye vivir en el poder de su vida resucitada. Jesucristo hace su morada en nosotros, dándonos poder para vencer el pecado y vivir en santidad. Pero, también lleva nuestras cargas y nos anima a confiar en Él. Así como somos salvos por fe, también vivimos por fe, con confianza en el Señor, día tras día, para todas nuestras necesidades y preocupaciones.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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No más yo, sino Cristo

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