Dios es nuestro Salvador, Consolador y Disciplinador, que nos guía en medio de los cambios y desafíos de la vida.

Salmo 62.5-8

Quizás no tenga suficiente dinero en el banco para pagar las cuentas, haya muerto un ser querido, o su familia enfrente tiempos difíciles. En momentos dolorosos, muchos creyentes acuden a la Biblia en busca de consuelo y dirección. En sus páginas, encontramos la seguridad que nos alienta en todo tiempo de la vida. “El gran amor del Señor nunca se acaba, y su compasión jamás se agota. Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad!” (Lm 3.22, 23 NVI).

Dios es fiel. En otras palabras, podemos contar con que Él será y hará justo lo que dice. Por ejemplo, la Biblia nos asegura que el Señor es digno de confianza, amoroso e incapaz de fallar (Sal 37.5; Ro 5.8; Jos 1.5). Por el gran amor que nos tiene, usará cualquier aspecto de su naturaleza multifacética para darnos lo que Él sabe que necesitamos. Él es nuestro Salvador, Consolador y Disciplinado, que nos guía en medio de los cambios y desafíos de la vida.

Sin importar las dificultades que enfrentemos, podemos confiar en Dios porque Él conoce todas las cosas. Está consciente de la duración e intensidad de nuestra situación, y utiliza su conocimiento para ayudarnos y protegernos. Además, el Señor es todopoderoso, lo que significa que puede satisfacer cada necesidad y cambiar las circunstancias de acuerdo con su plan. Nuestro Padre está en todas partes, incluso a nuestro lado en lo que sea que enfrentemos. Él promete: “Nunca te dejaré, jamás te abandonaré” (He 13.5 NVI).

Las dificultades pueden llevarnos a cuestionar la fiabilidad de Dios. Pero si ponemos nuestra confianza en nuestro Padre omnisciente y omnipotente, podemos comenzar cada mañana con una nueva sensación de su fidelidad que nos acompañará todo el día.

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