El Padre celestial es infinito, su amor no tiene restricciones y su misericordia no tiene fin.

Juan 4.19-24

Mientras hablaba con la mujer samaritana junto al pozo, Jesús explicó un atributo importante en cuanto a la naturaleza de Dios: “Dios es espíritu, y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Jn 4.24). El Padre celestial no está confinado a un cuerpo físico como lo estamos los seres humanos.

El hecho de que Dios es espíritu significa que no está ligado al tiempo ni al espacio. Él está con cada creyente en cada momento de su vida. Cuando sentimos su presencia durante la adoración colectiva en la iglesia o durante el tiempo personal de oración en nuestro hogar, ese es su Espíritu Santo que interactúa con nuestro espíritu. La libertad que Dios tiene de toda limitación significa que nunca estamos sin Él.

El Padre celestial es demasiado grandioso como para estar confinado a fronteras físicas. Cuando los israelitas pidieron un becerro de oro para adorarle con esa representación (Ex 32.1), demostraron que no entendían la naturaleza sin límites del Señor. La idolatría trata de confinar a un Dios que es infinito, a una forma finita para que encaje en las percepciones y los deseos humanos. Pero si Dios pudiera ser limitado a un animal o a una persona, entonces no sería digno de adoración.

El Padre celestial es infinito, su amor no tiene restricciones y su misericordia no tiene fin. No podemos pecar lo suficiente o caer tan lejos que estemos más allá del alcance de su amorosa misericordia. Aunque a veces deseamos poder ocultar nuestras acciones o nuestro rostro del Padre celestial, estamos siempre en su presencia. Usted puede estar tranquilo, sabiendo que no importa dónde vaya o qué haga, su Padre está con usted.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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Dios Infinito

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