Dios ha dado a cada creyente al menos un don espiritual para edificar el cuerpo de Cristo y servir en este mundo.

Romanos 12.6-8

Dios ha dado a cada creyente al menos un don espiritual para edificar el cuerpo de Cristo y servir en este mundo. Si nuestro don es el de profecía, proclamaremos lo que Dios dice sobre el bien y el mal. Si es el de servicio, desearemos atender las necesidades de otros. El don de la enseñanza tiene estas características:

Es organizado. Ya sea en la conversación o en un ambiente más formal, trataremos de comunicar la información claramente para que el oyente pueda servirse de ella.

Es sistemático. Queremos que los demás entiendan tanto la conclusión, como los pasos que conducen a ella.

Es preciso. Nuestra prioridad es conocer la verdad, y por eso hacemos preguntas con el propósito de validar la exactitud de lo que aprendemos. También investigaremos la confiabilidad de nuestra fuente de información.

Es diligente. Nos deleitamos en estudiar e investigar, y estamos fuertemente motivados a compartir lo que aprendemos. La verdad es presentada tanto para compartir conocimiento, como para que Dios transforme vidas.

Está orientado hacia la Biblia. Con este don viene un fuerte deseo de saber lo que el Señor dice. Aunque podemos reconocer el valor de las experiencias de otros, estamos menos motivados por ejemplos personales que por las palabras de la Biblia.

Todos los dones espirituales pueden ser utilizados en el lugar de trabajo, en nuestras comunidades y en nuestros hogares. Si su don es la enseñanza, permita que el Espíritu dirija su capacidad para la gloria de Dios y el beneficio de otros.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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El don de la enseñanza

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