Las necesidades emocionales pueden ser tan agudas como las físicas.

Romanos 5.6-8

Las necesidades emocionales pueden ser tan agudas como las físicas. Esto se debe a que el Señor ha puesto en nosotros el deseo de sentirnos amados, aceptados y seguros. Estas necesidades son las que llevan a buscar amistades, a casarnos y, en última instancia, a una relación con Dios. Y en la raíz de todas nuestras “necesidades del corazón” está el deseo de sentirnos valorados. Sin una sólida sensación de autoestima, la persona no puede recibir con plenitud amor y aceptación. Tampoco puede sentirse segura o tranquila. El hombre inseguro pone sobre su familia y sus amigos la gigantesca tarea de demostrarle su valor. De ellos, busca seguridad verbal constante, y demostración de su lealtad. El problema es que ningún ser humano puede ser un recurso emocional inagotable.

De manera que basar el valor en las opiniones y los actos de amor de las personas puede tener un efecto “yo-yo” en la autoestima —sube y baja, sube y baja. Además, nadie puede crear una lista apropiada de buenos conceptos sobre alguien, que pueda sustituir la fidelidad y el cuidado de Dios. En la cruz, Jesucristo dio la única medida exacta de nuestra importancia: consideró que valía la pena morir por cada persona. No podemos comprar o ganar el amor incondicional de Dios. Es nuestro al recibirlo con un corazón abierto. El sacrificio del Señor es una evidencia de que somos de valor infinito para el Soberano del universo. Dios desea ser nuestro recurso emocional ilimitado. En efecto, una autoestima sólida está enraizada en el reconocimiento de quiénes somos en Cristo: hijos amados, redimidos y santos. Nada cambia el sentir del Señor.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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El origen de las necesidades insatisfechas

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