La justicia divina se consumó en la cruz.

Mateo 27.11-26

La cruz —el símbolo del cristianismo— tiene un gran significado para Dios. Primero, por medio de la muerte de Jesús, el Padre proclamó el valor de cada ser humano: Él ofrece perdón y vida eterna a toda persona que pone su fe en Cristo (Ro 6.23). Segundo, eso significó un costo inmenso. El Dios santo se separó de su Hijo amado cuando llevó el peso del pecado de la humanidad (Mt 27.46). Tercero, se logró la redención del hombre. La sangre de Jesús derramada nos compró de la esclavitud al pecado, y nos reconcilió con Dios (1 P 1.18, 19).

Además, la justicia divina se consumó en la cruz. Las Sagradas Escrituras nos dicen que la muerte es el pago por la deuda contraída por el pecado (Ez 18.20). Pero Dios exigía un sacrificio sin mancha (Dt 17.1). Nosotros no podíamos pagar adecuadamente nuestra condena; moriríamos en nuestros pecados. Por eso, para que el Dios santo nos perdonara, tenía que haber un sustituto adecuado —uno calificado para pagar por nuestra desobediencia. Jesús, el único que no tenía pecado, tomó voluntariamente nuestro lugar y asumió la responsabilidad de nuestra deuda. Toda nuestra iniquidad—pasada, presente y futura— fue puesta en Cristo, y el juicio de Dios contra nosotros se aplicó a Él.

El significado de la cruz fue experimentado de primera mano por Barrabás, el famoso preso condenado a morir. Lo sustituyó el inocente Hijo de Dios, y el criminal recibió la libertad. Al igual que Barrabás, nosotros hemos tenido conmutada nuestra sentencia de muerte, y, aunque indignos, hemos sido hechos libres en Jesús. Hoy, la cruz sigue ofreciendo vida y libertad a quienes no las merecemos.

Devocional original de Ministerios En Contacto

1955

El significado de la cruz

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