El Señor nos llama «amigos» aunque no seamos dignos del título.

Mateo 26.47-50

He aconsejado a muchas personas que argumentan que no son dignas del amor de Dios. De todos los pasajes que podría señalar que describen el amor del Señor, el de hoy es el que creo que expresa mejor la amistad incondicional que Dios ofrece a sus hijos, incluso cuando se vuelven rebeldes. La noche antes de su crucifixión, Cristo estaba orando en Getsemaní cuando Judas Iscariote se acercó con un grupo de hombres. El traidor se adelantó y besó al Señor. ¿Y cómo reaccionó Cristo? Según Mateo, uno de los otros discípulos, el Señor llamó al hombre “amigo”. (Vea Mateo 26.50).

Judas esperaba que el Señor estableciera su reino en la Tierra y expulsara a los romanos de Israel. Sin duda, si podía calmar una tormenta en el mar, ¡podría eliminar un gobierno opresivo! Pero el interés de Judas en Cristo era más personal y político que espiritual. De hecho, Juan afirmó que Judas robaba de la caja de dinero (Jn 12.6). Hoy, el nombre de Judas es sinónimo de aquellos que traicionan a otros para beneficio personal. A pesar de la codicia, la ambición ciega y la traición de Judas, Cristo nunca dejó de amarlo, y siguió usando la palabra “amigo” para dirigirse al discípulo. El Señor no pone condiciones a su amor, ni rechaza a las personas que incumplen sus normas, pues se preocupa por nosotros tal como somos. No podemos ganarnos el amor y la amistad de Jesucristo. Él toma la iniciativa, extiende la mano y atrae a la comunión con Él a quienes estén dispuestos. Ninguno de nosotros es digno, pero a pesar de todo tenemos el privilegio de vivir en su amor. En el Señor, encontramos un amigo que es más unido que un hermano (Pr 18.24).

Devocional original de Ministerios En Contacto

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Jesucristo: Nuestro amigo íntimo

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