Transformar nuestra conversación comienza con la actitud correcta del corazón.

Tito 2.7, 8

Las palabras son poderosas. Los comentarios ariscos pueden causar una destructiva reacción en cadena, como una chispa de fuego en un bosque seco. Los comentarios amables, en cambio, se sienten como lluvia ligera que alivia el calor del día. Podemos saber que nuestras palabras son refrescantes y sazonadas con gracia cuando…

Nuestro tono y actitud reflejan la manera en que queremos que los demás nos hablen. El comportamiento de los demás no debe determinar si debemos hablarles o no con amabilidad. Si queremos que las personas sean amables con nosotros, debemos exhibir un lenguaje corporal positivo y hablar con una voz suave.

Lo que decimos de los demás es parecido a lo que quisiéramos que se dijera de nosotros. Todos necesitamos que nuestros seres queridos enfaticen nuestras cualidades, para que podamos estar seguros de los dones que Dios nos ha dado.

Decimos solo las palabras que sabemos que son ciertas. Los chismes y las mentiras no tienen cabida en la conversación de un cristiano. El Señor se opone a las lenguas mentirosas y a los testigos falsos (Pr 6.16-19).

Nuestras palabras son edificantes. Hablar con equidad y de manera positiva de los demás es parte de una conversación piadosa.

Transformar nuestra conversación comienza con la actitud correcta del corazón. Cuando pasamos tiempo en la Palabra de Dios, nuestros corazones se ablandan y comienzan a reaccionar de manera diferente. El Espíritu Santo nos reprende cuando nuestras palabras no son apropiadas. También nos enseña a ser conscientes de las palabras que usamos, y de cuándo dejar de hablar. Dios es glorificado, y los demás son bendecidos cuando hablamos con gracia.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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La conversación que agrada a Dios

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