El orgullo de Pedro por su astucia y su fuerza se interponía en el camino de los planes de Dios.

Lucas 22.54-62

El orgullo de Pedro por su astucia y su fuerza se interponía en el camino de los planes de Dios. Cristo buscaba un líder con corazón de siervo para que dirigiera a los creyentes después de su regreso al cielo. El expescador era un sabihondo impulsivo, pero el Señor vio el potencial de Pedro más allá de su arrogancia. Sabía que su humillación en el pasaje de hoy lo desafiaría y maduraría. Cuando las palabras del Señor entraron en conflicto con las opiniones de Pedro, el discípulo reprendió con atrevimiento al Maestro (Mt 16.21-23; Jn 13.5-8). Y Cristo le respondió en cada caso con una fuerte reprimenda que estuvo destinada tanto a silenciarlo como a enseñarlo. Al final, el discípulo cometió un error en un área en la que una vez se sintió fuerte: su decisión de morir por el Señor (Mt 26.35). Por el contrario, negó a Cristo tres veces antes de que el gallo cantara. Esta humillación final, presenciada por un grupo de extraños, hizo añicos su seguridad.

El Señor le fue quitando el orgullo a Pedro poco a poco durante tres años, antes de que el discípulo renunciara a la idea que tenía, de que Cristo era el gran libertador de la opresión romana para el pueblo de Israel. Lograr la gloria terrenal dejó de importarle cuando decidió enfocarse en el plan del Señor. Y gracias a la nueva humildad de Pedro, se convirtió en el líder con un corazón de siervo que Dios buscaba (1 P 5.5, 6). ¿Está usted poniendo trabas a la obra de Dios? Es posible que no pueda verlo, pero Dios no teme revelárselo, por el bien de usted y para la gloria de Él. El Señor humilló a Pedro y lo restauró, y hará lo mismo con los creyentes que se sometan a su voluntad.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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La humillación de Pedro

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