Dominio propio significa que haremos lo correcto, nos guste o no.

2 Pedro 1.1-11

Cuando era niño, mi madre me compró una caja de cerezas cubiertas de chocolate, porque sabía que me encantaban. La primera sabía tan bien que pronto quise otra. Seguí comiéndolas hasta que me sentí enfermo. No había nada malo en los chocolates; el problema fue mi falta de dominio propio. Pedro menciona al dominio propio como una de las virtudes que debemos añadir con diligencia a nuestra vida, es decir, practicar ciertas actitudes, y decirle no a otras. Cada situación que nos tiente a salirnos de los límites establecidos por Dios es una oportunidad para poner en práctica la templanza.

Lo que es pecado está prohibido, por supuesto, pero hay cosas buenas que también necesitan templanza. Por ejemplo, la comida es buena y necesaria para la vida, pero comer en exceso conduce a todo tipo de problemas. Otros aspectos que requieren disciplina son el uso del dinero, del tiempo, de las palabras y del enojo. Lo que nos impide lograrlo es la poca importancia que le damos. Si no vemos el valor de controlar nuestras palabras, diremos cualquier cosa que queramos. Lo mismo vale para una dieta. Es difícil mantenerla si nuestro deseo de comer es mayor que nuestro deseo de perder peso.

Dominio propio significa que haremos lo correcto, nos guste o no. Si entendemos que Dios nos ha dado todas las cosas que necesitamos para la vida y la piedad, mediante el conocimiento de Él (2 P 1.3), reconoceremos que el dominio propio está dentro de nuestras posibilidades. A fin de cuentas, este es producido por el Espíritu Santo (Ga 5.22, 23). Por tanto, debemos confiar en su poder y practicar la templanza siempre que nos veamos tentados.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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La práctica del dominio propio

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