Cuando pasamos tiempo con Dios por medio de su Palabra, nuestra relación con Él se profundiza.

Salmo 81.8-16

¿Ha notado alguna vez que los niños tienen audición selectiva, la conveniente capacidad de dejar de escuchar la voz de un adulto? A veces, si no les gusta lo que se dice, la ignoran. En otras ocasiones, pueden estar tan absortos en sus actividades que las palabras no penetran en sus mentes. Un adulto le está hablando, pero no sabrá si el niño está escuchándolo. A veces, nos comportamos de la misma manera con nuestro Padre celestial, ¿no es así?

Hoy el Señor nos habla a través de su Palabra, como siempre lo ha hecho. La Biblia contiene la revelación total de Dios; fue escrita por hombres que estaban bajo el control del Espíritu Santo (2 Ti 3.16). Si no prestamos atención a las Sagradas Escrituras, le hemos dado la espalda a la voz de Dios. Pero si abrimos su Palabra, escucharemos lo que quiere decirnos. A veces, dice palabras de amonestación y corrección, pero también nos asegurará su amor. Cuando pasamos tiempo con Dios por medio de su Palabra, nuestra relación con Él se profundiza. Y cuando nos expresa su amor, le correspondemos amándolo de la misma manera.

En las Sagradas Escrituras también encontramos dirección para nuestra vida (Jer 29.11). Aunque el mundo, nuestra propia naturaleza egoísta y Satanás, nos piden que elijamos sus maneras de pensar, Dios nos da su sabiduría para tomar las decisiones correctas. La Biblia ofrece el consuelo y la esperanza de Dios que necesitamos a toda costa en medio de pruebas, fracasos, humillaciones y tristezas. Y su Espíritu Santo nos ayuda a entender y obedecer todo lo que nos dice. Dios sigue hablando, pero para sacarle provecho a lo que dice tenemos que escucharlo.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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