Dios nos ha dado su Palabra para nuestro beneficio, pero también para que podamos compartirla con los demás.

Efesios 6.21-24

¿Cuál es el objeto más valioso que usted ha transportado? Solemos asociar lo valioso con una posesión física de alto precio, pero Tíquico trajo algo mucho más precioso que el oro, de una prisión romana a la iglesia en Éfeso. Llevó la Palabra de Dios, escrita bajo la inspiración del Espíritu Santo por el apóstol Pablo mientras estaba encarcelado.

Tíquico es una de esas personas que trabajó con Pablo detrás del escenario. Era de Asia Menor (Hch 20.4), y es mencionado cinco veces en el Nuevo Testamento. En todos, excepto uno de esos pasajes, es enviado por Pablo a algún lado. Hacer mandados puede no parecer un trabajo grandioso, pero su servicio para Cristo fue esencial: entregó las cartas de Pablo a las iglesias en Éfeso y Colosas, junto a palabras de ánimo e información acerca de las circunstancias del apóstol (Col 4.7, 8).

Estas cartas han estado instruyendo, desafiando y alentando a los cristianos de todo el mundo desde entonces. Y el trabajo que tuvo Tíquico, de entregar las Sagradas Escrituras es una tarea que sigue estando confiada a los creyentes hoy. Dios nos ha dado su Palabra para nuestro beneficio, pero también para que podamos compartirla con los demás. Ella es la única fuente segura de verdad absoluta, porque vino directamente de Dios por medio de hombres que fueron inspirados por su Espíritu.

La Biblia es nuestra posesión más preciada. Debemos tratarla con cuidado, compartirla con otros creyentes, y también con quienes necesitan conocer a nuestro gran Dios y Salvador. La próxima vez que abra la Biblia, pídale al Señor que le haga como Tíquico, un fiel mensajero de su Palabra.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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Mensajero fiel

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