Nuestra esperanza eterna es segura, y en la presencia de Dios todo será perfecto.

1 Pedro 1.1-9

¿Tiene demasiadas cosas? Sí, si es como la mayoría de las personas. El problema es que todo lo que acumulamos requiere tiempo y atención. Debe ser mantenido, organizado, y con el tiempo, desechado o regalado. Pero nada se va con nosotros cuando morimos. Nuestra seguridad no se encuentra en las posesiones, sino en nuestra relación con Cristo.

El apóstol Pedro nos asegura que nos aguarda una herencia en el cielo (1 P 1. 4), que está a salvo, porque no somos nosotros quienes la guardamos. Nuestro tesoro, que es guardado y protegido por Dios, no puede ser robado o arruinado. Es…

INDESTRUCTIBLE. El tesoro celestial nunca se desgastará ni necesitará reparaciones —siempre es nuevo.

INCONTAMINADO. Nuestra herencia es pura y no puede ser arruinada por el pecado.

INMARCHITABLE. No se ve afectado por el paso del tiempo, y nunca se desgastará ni perderá su belleza.

Nuestra esperanza eterna es segura, y en la presencia de Dios todo será perfecto. Cuando la vida se vuelve difícil, podemos encontrar esperanza en lo que nos espera en el futuro. Esta conciencia aumenta nuestro deseo de vivir en santidad, ya que conocemos nuestro destino: la santidad absoluta y la libertad del pecado.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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Nuestra herencia celestial

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