Nuestra tendencia natural es complacernos y servirnos, lo cual es lo opuesto a honrar a Dios.

1 Tesalonicenses 5.21-23

Los seres humanos nacemos con una naturaleza “no inclinada” al Señor. Nuestra tendencia natural es complacernos y servirnos, lo cual es lo opuesto a honrar a Dios. Al ser salvos, nuestro Padre comienza a inclinar nuestra voluntad y nuestros caminos hacia Él. Pero debemos cooperar y someternos al proceso; de lo contrario, seremos de poca utilidad para el reino. El Señor quiere extirpar todo patrón de pensamiento y actividad que promueva la dependencia de otra cosa que no sea Él. Esto significa que confiar en nosotros mismos para la seguridad, la salvación o el bienestar físico y emocional, está fuera de su voluntad. Las acciones que hacen avanzar a una persona a expensas de los demás también son impías.

En los aspectos donde nos resistimos a inclinarnos hacia el Señor, Él puede quebrantarnos permitiendo que el dolor llegue a nuestra vida. Lo que nos impulsa a entregarnos a Él. Quebrantar a una persona puede sonar duro, pero Dios lo hace en amor. Él ve el resultado más allá del dolor: seremos siervos más maduros y fieles por haber pasado por la prueba (Ro 8.28). Y nuestro Padre amoroso da cada paso difícil con nosotros, ofreciendo orientación y consuelo. Al ver la manera en que me ha bendecido en medio de las dificultades, puedo agradecerle por cada período de quebrantamiento que he experimentado. Lo cierto es que todos tenemos aspectos de nuestra vida que necesitan ser doblegados o quebrantados por la mano de Dios. Si miramos nuestro interior para detectar hábitos y modos de pensar erróneos, nuestro Padre celestial nos los traerá a la mente. Entonces, debemos rendirnos a su actividad en nuestra vida para que podamos convertirnos en siervos sabios y útiles.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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Nuestro quebrantamiento: El plan de Dios

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