Saber todos los detalles de nuestro destino eterno es imposible, pero podemos estar seguros de que el Señor cumplirá su promesa de regresar por nosotros.

Juan 14.1-6

Debido a que la humanidad está atada a la Tierra hasta la muerte, son bastante comunes las ideas falsas acerca del cielo. Algunas personas lo imaginan como un mundo etéreo de espíritus amorfos que flotan, mientras que otros niegan su existencia. Algunas personas han regresado de experiencias cercanas a la muerte, y han descrito lo que vieron. En medio de todas las creencias confusas y contradictorias, haríamos bien en recordar que nuestra única fuente segura y correcta de información acerca del cielo es la Palabra de Dios. El Señor Jesús tenía un conocimiento claro del cielo, porque había venido del Padre a la Tierra. Poco antes de morir, dijo a sus discípulos que iría a la casa de su Padre a prepararles un lugar, y que regresaría después para llevarlos a su nuevo hogar. Varias semanas después, los discípulos vieron al Cristo resucitado ascender al cielo (Hechos 1.9-11).

Desde ese día, los creyentes hemos estado esperando el prometido regreso del Señor. Todos recibiremos un cuerpo inmortal de resurrección semejante al de Cristo. Será físico, visible y reconocible para todos. Seremos capaces de comer (vea Lucas 24.41-43). El cielo es un lugar para cuerpos físicos, tangibles, un lugar para vivir, servir a Dios, adorarle y disfrutar de Él para siempre. Saber todos los detalles de nuestro destino eterno es imposible, pero podemos estar seguros de que el Señor cumplirá su promesa de regresar por nosotros. Al entrar a esa morada hecha a nuestra medida, sabremos que hemos llegado a nuestro hogar, y que jamás podremos estar separados de nuestro Padre celestial.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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Un lugar llamado cielo

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