No importa los obstáculos que tengamos que enfrentar, Dios siempre nos protegerá.

En 1991 prediqué un sermón en el que comparé la situación por la que atravesaba la iglesia con la del pueblo de Israel antes de entrar a la Tierra Prometida. Necesitábamos un templo más grande y con este propósito adquirimos un terreno para la nueva construcción. Teníamos que completar dos objetivos en menos de tres años: Recaudar los fondos necesarios para la construcción y garantizar la culminación del templo para la fecha prevista.

Lo que le dije a la congregación ese día también se aplica a la vida de cada individuo. Dios nos ha dado la Gran Comisión de hacer discípulos a todas las naciones (Mt 28.19). Y sabemos que nos da diferentes oportunidades para que podamos cumplir con este mandato. Dios nunca abrirá una puerta si no desea que entremos por ella; así que cuando nos quedamos parados en el umbral estamos desobedeciéndole. Hay momentos en que lo que vemos al otro lado de esa puerta nos asusta; pero si el Señor nos ordena avanzar, no debemos quedarnos parados. Dios nos va a equipar y a guiar apropiadamente para que podamos realizar nuestra misión.

Esto me lleva de vuelta a la historia del comienzo. Dios proveyó cada centavo que necesitábamos para hacer esta construcción sin que tuviéramos que solicitar ningún préstamo al banco. El edificio fue terminado a tiempo, y desde ese día lo hemos usado para extender el evangelio al resto del mundo. ¿Nos hemos quedado parados en el umbral de la puerta, porque estamos demasiados asustados para continuar avanzando? Demos un paso de fe, aprovechemos cada oportunidad que el Señor nos dé. No importa los obstáculos que tengamos que enfrentar, Él siempre nos protegerá.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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Una lección del pasado

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