Cuando estudiamos el enfrentamiento de los israelitas ante los amalecitas, muchas veces, en nuestra mente, lo primero que visualizamos es a Moisés sobre ese collado, con las manos arriba, y con las manos abajo. Muchas veces lo que visualizamos es a un Ur y a un Aarón, a cada lado, sosteniendo las manos de Moisés. Pero debemos visualizar, también, la espada que se encontraba en la mano de Josué.

Mientras las manos de Moisés estaban arriba, aquella espada estaba en victoria, cumpliendo con el propósito con el cual Josué la había tomado en su mano. Y, mientras las manos de Moisés estaban abajo, aquella espada también estaba en derrota.

Una espada es aquello que nosotros tenemos en nuestras manos.

Quizás eres dueño de tu propio negocio. Tu negocio es una espada en tus manos. Quizás te dedicas a la educación. La educación es una espada en tus manos. Quizás eres un servidor público. El servicio público es una espada. Quizás sirves en algún área en tu iglesia. El ministerio es otra espada. Quizás tienes algún talento especial. Tus talentos también son espadas que Dios pone en tu mano.

A veces, nosotros no ponemos la atención específica que se merecen las espadas en nuestras manos, porque, al igual que Josué, muchas veces nuestra espada está arriba, nuestra espada prevalece, nuestros talentos prevalecen, nuestro ministerio prevalece, nuestro negocio está en victoria, nuestra oficina está en victoria, todo lo que hacemos está en victoria, pero, a veces, nuestra espada también está abajo.

A veces es difícil ministrar, a veces los negocios no van tan bien. A veces no se nos facilita el camino. A veces nuestros talentos están estancados. A veces no podemos fluir en alguna unción. Y celebramos cuando nuestra espada está arriba, cuando está en victoria, cuando son los buenos momentos, pero, a veces, nuestra espada también está abajo.

No hay familias perfectas. La familia siempre tiene momentos de victoria, y siempre tiene momentos de no tanta victoria. No hay matrimonios perfectos. Los matrimonios siempre tienen momentos de victoria, y a veces hay momentos que no son de tanta victoria. En las finanzas lo podemos ver. Hay momentos de abundancia, de bendición, de prosperidad, y hay otros momentos donde no estamos en la prosperidad y la abundancia que quisiéramos estar.

Siempre va a haber momentos arriba, y siempre va a haber momentos abajo. La diferencia la hacen las personas que tienen la capacidad de levantarse de esos momentos abajo.

Pastora Omayra Font

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¿Cuál es tu espada?

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