De vez en cuando, la crítica inmerecida es algo que debe esperar todo cristiano.

Mateo 26.7-13

De vez en cuando, la crítica inmerecida es algo que debe esperar todo cristiano. A veces, viene cuando damos lo mejor al Señor, y nuestras buenas intenciones son incomprendidas o incluso ridiculizadas por quienes deberían hacer lo correcto.

El pasaje de hoy describe a una mujer que tomó una botella de un valioso perfume y la vertió en la cabeza de Jesús mientras Él estaba inclinado. No hay ningún registro de algún gran resultado de este gesto tierno. No se salvaron vidas, no hubo conversiones, ni se logró algo medible. Lo que sí sabemos es que la mujer fue censurada por su acción. Lo que hizo fue visto como algo extravagante, irracional e irresponsable. Pero Jesús pensaba lo contrario. La aprobación del Señor por el amoroso sacrificio de esta mujer fue asombrosa. En su mente, esto merecía ser recordado. Él dijo: “Se hablará también de lo que ésta ha hecho, en memoria suya” (Mt 26.13 LBLA).

A veces nos preguntamos cuánto nota Dios nuestros esfuerzos para complacerlo. A veces, algunos de nuestros mayores sacrificios no parecen producir sino malentendidos o incluso críticas de nuestros familiares y amigos. Las voces de otros —e incluso de nuestro propio corazón— se levantan para condenarnos por haber tomado decisiones en obediencia a Dios que ahora parecen estar causándonos algún perjuicio.

Pero Jesucristo, quien conoce las profundidades de nuestra alma, ve y entiende el dolor que enfrentamos. Él escucha las voces condenatorias de nuestros acusadores. Cuando nuestros sacrificios por el Padre celestial tienen poco sentido para el mundo hostil que nos rodea, es su voz la que prevalecerá a favor nuestro.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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Cuando enfrentemos acusaciones

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