La obediencia a la voluntad de nuestro Padre celestial trae gozo a su corazón.

Hebreos 12.4-13

Puesto que las dificultades y el dolor son experiencias humanas, es posible que no reconozcamos cuándo nuestra prueba es el resultado de la disciplina divina. En los días de Job, se pensaba que todo sufrimiento era consecuencia del pecado, pero hoy algunos cristianos se han alejado tanto de esta enseñanza equivocada, que no considerarían siquiera que la adversidad que están padeciendo puede estar relacionada con su desobediencia.

Cuando esto nos sucede, por lo general solo queremos encontrar una manera de salir de la dificultad y seguir adelante; pero en cada situación dolorosa, Dios obra para purificar nuestra vida y colocarnos en el camino recto. Él conoce nuestras debilidades y ve cuando caemos en pecado. Por eso, como un Padre amoroso, interviene para llevarnos a la obediencia y a la comunión con Él.

El dolor tiene su manera de sacar a la luz actitudes y prácticas pecaminosas de las cuales no estábamos conscientes. Nos pone de rodillas, y al acercarnos más al Señor, vemos su santidad y reconocemos la fealdad de nuestro pecado.

Lo que hagamos con esta convicción de pecado es de suma importancia. Si nos quejamos, pero nos negamos a arrepentirnos y a cambiar, entonces prolongamos la prueba, lo que intensifica el dolor. Esto no es una señal del rechazo de Dios; más bien, muestra su amor por nosotros. Él sabe que una senda de pecado no es apropiada para sus hijos.

Elijamos la mejor opción: arrepentimiento y obediencia. Si permitimos que nuestras pruebas nos ejerciten para la santidad, cosecharemos el “fruto apacible de justicia” (Hebreos 12.11). La obediencia a la voluntad de nuestro Padre celestial trae gozo a su corazón.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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Las pruebas de la disciplina

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