Cuando disminuye nuestro interés en lo que Dios dice, ya estamos entrando en aguas turbulentas.

Hebreos 2.1-3

Reunirse con regularidad en la casa del Señor con hermanos en Cristo proporciona un ancla de apoyo y transparencia. Pero cuando el creyente deja de asistir a la iglesia para buscar otros intereses, por lo general, es señal de que ha comenzado a alejarse de Dios. Menos evidentes son quienes no están con la mente en el servicio de adoración. El hecho de asistir a la iglesia no significa nada a menos que tomemos la decisión intencional de recibir la Palabra de Dios y de ponerla en práctica. Como advirtió el escritor de Hebreos, si no prestamos atención a lo que hemos escuchado nos alejaremos de lo oído (Hebreos 2.1).

Sin embargo, el día que asistimos a la iglesia no es el único día de la semana para nutrirnos con los principios y el aliento de la Biblia. Debemos leer y meditar en ella a diario. Cuando disminuye nuestro interés en lo que Dios dice, ya estamos entrando en aguas turbulentas. La única manera de llevar una vida íntegra es seguir la Palabra de Dios (Sal 119.9 NVI). Una vida de oración que se desvanece está acompañada por el descuido de la lectura de la Biblia. La oración es la manera que tenemos de comunicarnos con el Capitán de nuestra vida. Si dejamos de hablar con Él, el Dios que una vez nos pareció cercano pronto se sentirá lejano. Ese abismo en nuestro espíritu es una señal más de que estamos lejos de la orilla y de la seguridad. He visto a muchos capitanes guiar su nave por un estrecho canal. Los miembros de la tripulación se enfocan de manera especial en sus tareas porque la deriva significa desastre. La vida está llena de canales estrechos por los que hay que navegar. No podemos darnos el lujo de alejarnos de Dios y su Palabra. Solo Él puede llevarnos adelante con seguridad.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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Las señales de ir a la deriva

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