“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” Romanos 8:1

Todo este capítulo nos habla acerca de la vida en el Espíritu. Lo más importante que tú tienes que entender es que, para ti que has conocido al Señor, no hay condenación. Una de las cosas que trae condenación a tu vida es la tradición; pero la religión nunca debe traer condenación a tu vida, porque tú no vives conforme a la carne, sino al Espíritu.
“Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.” Romanos 8:5. Esto quiere decir que son tus pensamientos los que determinan en cuál de los 2 lados estás: si en el de la carne o en el del Espíritu. “…y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros.” Romanos 8:8-9 Así que, mientras estamos metidos en los pensamientos, en las reglas y en las cosas de la carne, no estamos viviendo con fe, porque no agradamos a Dios, y el que tiene fe agrada a Dios. Así que la vida en el Espíritu es una vida de fe. Y la seguridad que tú necesitas tener es que el Espíritu Santo mora en ti.

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.” Romanos 8:14

Así que no hay condenación, y el Espíritu mora en ti; cuando tú entiendes esto, entonces, tú puedes ser guiado por el Espíritu de Dios. “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con Él, para que juntamente con Él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.” Romanos 8:17-18
“Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” Romanos 8:38-39

No hay condenación en tu vida. La condenación es cuando es a ti mismo a quien necesitas perdonar; es cuando hay cosas que tú no puedes aceptar, que no puedes olvidar. Muchas veces, las faltas que cometemos contra otras personas nos son perdonadas, pero no nos hemos perdonado a nosotros mismos, y esto afecta nuestras relaciones con estas personas. Tú necesitas entender que, para ti, no hay condenación. Y como no hay condenación, no hay separación.

Tú tienes un cuerpo, que es el templo del Espíritu Santo; tienes una mente, que es donde están tus emociones, tus pensamientos; pero más poderoso que tu cuerpo y que tu mente es tu espíritu. Cuando no servimos al Señor, nuestro espíritu está muerto, pero al entregarle nuestra vida, nuestro espíritu es vivificado, se conecta al Espíritu de Dios. Así que, aunque tu cuerpo y tu mente te recuerden tu pasado queriendo traer condenación, en tu espíritu no hay separación.

Para que tú puedas entender que no hay separación, tu mente tiene que tener claro esto: No existe condenación. Cuando vengan pensamientos negativos a tu mente, declara: Ato y paralizo todo pensamiento negativo, en el nombre de Jesús. Repítelo las veces que sea necesario: No hay condenación en mi vida, y mi espíritu está junto con el Espíritu de Dios; no hay separación entre Dios y yo.

La vida en el Espíritu te promete la victoria sobre todo aquello que te podía separar del Padre. No hay nada que tú enfrentes hoy, sobre lo que la vida en el Espíritu no te prometa la victoria. Nada te puede separar del Padre, solo tus pensamientos; así que aprende a tomar control sobre ellos. Solo a través del Espíritu puedes tener una constante relación con Dios, y tener la ayuda necesaria contra todo aquello que te quiera separar del Padre. Pablo decía: Orad sin cesar. Y quizás tomas un tiempo especial para orar, pero debes orar todo el día, como decía Pablo. Que tu espíritu no se desconecte de Dios. Si tú estás consciente de que la presencia del Espíritu está en ti todo el tiempo, tu vida es una oración constante.
“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” Juan 14:16.

Cuando tú entiendes que no hay separación, entiendes que el Consolador, el Espíritu Santo, está contigo siempre. Otra palabra para Consolador es Ayudador; Jesús sabía que la única manera en que seríamos capaces de tener victoria en nuestra vida era con la ayuda del Espíritu Santo. Tú no estás solo, tú tienes un Ayudador, el Espíritu Santo. David decía: Aunque mi padre y mi madre me dejaran… Aunque nadie te entienda, aunque hoy estés solo, con todo y eso Jehová te recogerá. Hay un Espíritu Santo que mora en ti y no te deja.


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Ni condenación, ni separación

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