La manera más segura de despojarse del resentimiento es a través de la oración.

Salmo 37.1-4

La envidia puede destruir la vida de un cristiano. Un sentimiento de disgusto por lo bueno que le ocurre a otra persona también puede dañar el testimonio de un creyente, ya que a menudo hace que la gente actúe con hostilidad y amargura. Y la persona celosa sufre mucho más que la persona de quien siente celos. Antes de que podamos deshacernos de los sentimientos de envidia, debemos estar dispuestos a confesar que los tenemos en nuestro corazón. Al igual que la codicia, los celos son una emoción que no nos gusta admitir, pero el Señor ya lo sabe. También debemos darnos cuenta de que cultivar la envidia es lo mismo que poner objeciones a la bendición de Dios sobre la vida de otra persona. No importa cómo tratemos de justificar tales sentimientos, estamos en contra del Señor: una persona no puede albergar celos y al mismo tiempo estar bien con Él.

La manera más segura de despojarse del resentimiento es a través de la oración. Después de confesar al Señor que sentimos celos, debemos comenzar a orar por la otra persona. Nuestra petición debe contener dos elementos: primero, una ofrenda de acción de gracias por las bendiciones en la vida de esa persona; y segundo, la petición de que Dios ponga amor en nuestro corazón por ella. Al comienzo, orar de esta manera será difícil, pero a medida que el amor crezca —y así será— encontrará que las palabras llegarán con más facilidad y alegría. Tenemos la promesa de que si nos deleitamos en nuestro Padre celestial, Él nos concederá los deseos de nuestro corazón. Por tanto, debemos centrar nuestra atención en Él y en lo que hace en nuestra vida.

Devocional original de Ministerios En Contacto

143

Para vencer los celos

| Blog |
Enlace
Acerca del Programa
-