Cuando entendemos el verdadero significado y el alcance del amor que hemos recibido, entonces podemos perdonar.

Un amor que no se apaga “Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos” Cantares 8:7

Un matrimonio viajaba en auto sin dirigirse la palabra. El esposo iba conduciendo muy serio, y su esposa, indiferente iba mirando por la ventanilla. Finalmente el marido, señalando unas mulas, le dice a su esposa: “Mira, allí están tus parientes” A lo que ella responde: “Sí, por parte de mi marido”. Cuántas relaciones profundas se han ido apagando poco a poco… Tal vez la relación con los padres, o entre hermanos, los lazos dentro del matrimonio, grandes amistades, etc… Familias que han permitido que el amor se esfume. Sin embargo, el amor de Dios, que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo (Romanos 5:5), no se apaga. Este tipo de amor, que hemos recibido, aun sin merecerlo, es lo que nos acerca a Dios a través de la gracia. Ese amor, es como un manto que nos une a la presencia del Espíritu Santo, a pesar de nuestros errores y al mismo tiempo, es nuestra responsabilidad el compartirlo con todos los que no lo conocen.

El amor de Dios hacia ti: El amor que ha sido derramado sobre ti, es perfecto. Es el Espíritu Santo quien te guía y te acompaña a cada instante. Es una clase de amor ilimitado que no se compara con nada y que lo llena todo. A pesar de tus errores, y hasta a veces, tu indiferencia hacia Él, Dios te ama y muestra su paciencia y misericordia cada día. Es un amor que perdona aún lo inimaginable. El amor de Dios para quienes nos rodea: En el pasaje, se hace mención a “las aguas” o “los ríos”, los cuales simbolizan las pruebas a las que será sometido nuestro carácter y las relaciones más profundas de nuestra vida. Las diferencias de pensamiento, los problemas económicos, la relación con los familiares son como aguas que pueden apagar el fuego del amor si no nos apoyamos en Dios y obedecemos sus consejos. Tal vez a través de una ofensa, un malentendido, un problema, el amor se va apagando y cada vez es más difícil confiar en el otro y abrir el corazón. Esto va produciendo una barrera espiritual que lentamente nos va alejando de todos. Pero Dios quiere sanar cada relación en tu vida. Él conoce el dolor y la gravedad de tus heridas, pero necesita tu disposición para perdonar y que cambies de actitud.

Alguien tiene que estar dispuesto a amar sin condiciones. Alguien tiene que estar dispuesto a hacer su parte, aun cuando el otro no la haga. En esto se refleja la verdadera obediencia a Dios. Aunque pienses que el otro no se lo merece, que esa herida es imposible de sanar, debes amar de pura gracia, como Dios te ama a ti. En el momento que tomamos conciencia y decidimos seguir a Cristo, el amor de Dios se derramó sobre nuestra existencia. Pero no solo para sentirnos amados por el Padre Celestial, sino también para amar a quienes nos rodean. Cuando entendemos el verdadero significado y el alcance del amor que hemos recibido, entonces podemos perdonar a nuestros padres, podemos permitir que el matrimonio sea restaurado, que esa amistad vuelva a florecer, etc… Todo depende del amor que te animes a brindar.

Lee los siguientes versículos (San Juan 15:13, Romanos 13:10, 1 Corintios 13:2, Gálatas 5:13, Mateo 5:38-48) y luego compara el amor humano, del amor pleno de Dios. Es decir ¿cómo ama alguien que no recibió el amor de Dios? ¿Cómo ama alguien que tiene el amor de Dios? El amor de Dios ha sido derramado en tu vida. Es tiempo de dejarlo fluir. Aun a pesar de las heridas o las pruebas. Este amor no se apaga, pues ama a pesar de las situaciones que se presentan. Si le permites, el Espíritu Santo quiere sanar tus heridas y ayudarte a perdonar. ¡El Señor puede hacer un milagro en esa relación destruida! ¡Es hora de vivir a la manera de Cristo!

Devocional original de Claudio Freidzon

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Un amor que no se apaga

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