Como cristianos maduros, debemos considerar nuestra motivación para desear la victoria en cualquier batalla.

1 Samuel 17.20-30

Nuestro mundo está orientado hacia la acción. Por lo general, cuando vemos un problema, le buscamos una solución. Pero, antes de entrar en acción, sería prudente considerar nuestra motivación. No todas las buenas acciones son motivadas por un buen propósito. Cuando David llegó a la batalla de Israel contra los filisteos, vio a Goliat por primera vez, y escuchó los insultos de los filisteos y la burla de los israelitas. Entonces, alguien le habló de las recompensas que el rey Saúl había prometido al hombre que matara a Goliat: grandes riquezas, la hija del rey por esposa, y el no tener que pagar ningún impuesto.

Tales recompensas fueron grandes motivaciones que despertaron el interés de David. Sin embargo, lo que en última instancia lo impulsó al campo de batalla fue el deseo de defender el nombre de Dios: “¿Quién es este filisteo incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?” (1 S 17.26). Como cristianos maduros, debemos considerar nuestra motivación para desear la victoria en cualquier batalla. Con frecuencia buscamos un fin egoísta, como liberarnos de nuestras incomodidades y volver a una forma de vida más fácil.

Pero Dios está más interesado en hacernos semejantes a Cristo, que en mantenernos cómodos. Piense en el último conflicto que enfrentó, o tal vez por el que está pasando. ¿Son la honra de Dios y su crecimiento espiritual el centro de sus deseos? Si no es así, entonces está en contra de lo que Él intenta hacer en su vida. Pero si la voluntad del Señor es más importante para usted que sus propios planes, puede estar seguro de que Dios usará la batalla para el bien suyo y la gloria de Él.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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La importancia de la motivación

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